¿Libertad? ¿Con un vampiro? Imposible. (CAPÍTULO 4)

Eric entró al despachó, lanzándole la manta al pequeño que ya estaba con sus boxers bastante apretados puestos. Sin ningun pudor echó un vistazo a unos papeles que tenía encima de la mesa y los dejó a un lado para mirarlo nuevamente.

– John, ¿te gustaría trasladarte a un hotel de lujo a vivir? Yo correría con los gastos -preguntó este mirándolo, apoyando su trasero en el escritorio.

–¿Cómo? ¿de verdad? -dijo totalmente sorprendido, abriendo los ojos demostrando su sorpresa.

–Si, ¿qué te parece? -agachó la cabeza mirando hacía otro lado intentando no escuchar la peor respuesta que le podían dar.

–M...muchas gracias Eric -se levantó el menor sonriente, abrazando al mayor con todas ssus fuerzas, hundiendo su cabeza entre el trabajado torso del vampiro.

–Creo que deberías de dejar para otro momento el abrazo si no quieres que te ponga a cuatro... -advirtió lo más serio que pudo, ocultando la alegría que le estaba llenando por dentro. Mientras que por fuera su miembro estaba ya medio erecto al sentir el contacto con el hada.

–L...lo siento -dijo ruborizándose al instante.

–Pero vendrás por las noches a trabajar a Vantasía, me vendrá bien tener a alguien que no tenga un cerebro de mosca como Ginger -suspiró mirando hacia otro lado.

–¡Claro! Daré lo mejor de mí -sonrió, cosa que hizo sentir una extraña sensación dentro del vikingo.

Más tarde Eric marchó a descansar junto con Pam en ataúdes separados, mientras que un par de guardaespaldas humanos, trasladaban al adolescente al hotel Ritz, uno de los hoteles más famosos a nivel mundial. Estaba a las afueras, entre jardines verdes y piscinas decorativas rectangulares a la entrada.

John entraba sintiéndose un poco fuera de lugar, era todo muy bonito si, pero él venía...bueno, la verdad es que hasta ahora no se había parado a pensar en su pasado.

Sentado ya dentro de la habitación, en una sofá largo de color miel por la ventana que cubría toda una pared, pudiendo admirar lo que era la ciudad de Lousiana. Poseía una cama matrimonial de esas antiguas, de color negra y blanco con unas almohadas que tenían muy buena pinta. Tenía tele, lavabo, jacuzzi y múltiples lujos innecesarios, pero bastante cómodos.

Sin saber porque, pasado ya un año la nostalgia le invadía, la nostalgia de su antigua vida...

****(Cambia a primera persona) ****

Caminaba por las afeadas calles de Nueva York, por lo menos solo era eso para alguien que vivía en ellas. Me sentía cansando de tanto andar, la ciudad era gigante y para comer tenía que recorrersela entera. El espíritu de la caridad no abundaba allí.

Solo vestía lo que me podía permitir, es decir, unos zapatos grises sin ningún adorno que estaban un poco desgastados, unos tejanos con varios agujeros no hechos por moda, si no de usados y una camiseta que llevaba estampada una carita feliz de color blanco, que se había convertido en un gris oscuro con el tiempo.

La noche me azotaba, con ello el viento que calaba en mis huesos. Tontamente me refugié en los angostos callejones de la ciudad, con la esperanza de encontrar un hueco donde meterme y dormir, dormir para olvidar de donde venía y hacer desaparecer de mi mente las raíces que me habían abandonado allí.

Oí unos quejidos a lo lejos, parecía que provenían de alguien un poco mayor. Rápidamente me acerqué, y al doblar la esquina lo vi. Vi como una rubia, pálida, vestida con un traje de cuero y un sombrero de copa negro le chupaba la sangre a un hombre de edad media.

No sabía como reaccionar, mi moral me instaba a ayudarlo pero mi cabeza me decía de huir, auque las piernas en ese momento se habían olvidado totalmente de mí y de mis intenciones. Ella se giró a verme, con la boca manchada de sangre que acababa de extraerle a aquél señor.

Me asusté, como nunca antes en mi vida, tanto que desperté a mis piernas dormidas y le di la espalda para escapar del lugar. No me dio tiempo a dar más de dos zancadas cuando la tenía enfrente, con una mirada de molestia.

Intenté huir en dirección contraria pero me sujetó del brazo haciéndome daño. Instintivamente me giré y con la izquierda que era la que me había quedado libre descargué energía sobre su cara, cosa que la empujó varios metros atrás aunque no llegó a salir del callejón.

Eso me ayudó a correr, correr como nadie nunca lo había hecho. Pasando por al lado de aquél hombre sin prestarle la más mínima intención. Lo único que había aprendido en aquellos meses por las calles es que “El otro nunca lo haría por ti” así que no sentí ningún tipo de remordimiento. Cuando creí que iba a poder salir del callejón, divisé un hombre alto.

- ¿A dónde crees qué vas? -me preguntó penetrándome con la mirada.

Comentarios

  1. ¡Hola!
    OH
    Que forma de encontrarse, muy impredecible, no sé, fue el destino, el destino quiere que estén juntos, ves, nada de Sam, no, no, no, John está mejor con Eric, las fuerzas cósmicas del universo lo decidieron.
    Vaya cambio el de Eric con respecto al cautiverio de John, aunque presiento que solo lo cambio a una jaula más lujosa, en fin, esto está cada vez mejor.
    Espero que a mi parejita predilecta le vaya mejor.
    Nos vemos.
    Lizie.

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