¿Libertad? ¿Con un vampiro? Imposible. (CAPÍTULO 3)

El Vantasía acababa de cerrar sus puertas, como siempre con un par de disturbios que Pam se encargaba de disolver para que no volviesen. Entró nuevamente al local, mirando con sumo asco a Ginger quien estaba sentada en una de las mesas tomando una botella de Vodka a palo seco, ¿De verdad esa era la vida humana que quería? Ni lo sabía, ni le importaba.

Los bailarines se habían ya marchado mientras que John estaba sentado en uno de los taburetes de la barra esperando a que Eric terminara de contar las ganancias encerrado en su despacho, le resultaba raro que lo dejase esperando fuera ya que muchas veces lo había visto contar billetes y billetes ordenados en fajos gordos, definitivamente el negocio iba muy bien.

Ya casi no se sentía incómodo con la especie de disfraz que llevaba puesto, solo quería quitárselo de una vez. Aún así, había disfrutado de esa noche sintiéndose útil en un largo tiempo en el que solo tenía la sensación de estorbar, causar problemas y ser un deshecho. Fue la primera vez que el vampiro lo hacía trabajar detrás de la barra en el bar, siempre se había mantenido encerrado en el despacho.

La puerta se abrió, dejando ver a un Eric inerte como siempre aunque ahora solo llevaba puesto una camiseta de tirantes de color negra con unos pantalones vaqueros del mismo tono.

Ginger vete, vuelve detro de dos horas cuando salga el sol y Pam, puedes irte a dormir si así lo deseas –ordenó dirigiéndose a las dos mujeres tan diferentes- tú ven aquí –dijo al joven, quien lentamente entró en el despacho sin despedirse de las dos.

Nada más cerrar la puerta lo cogió del pescuezo empotrándolo contra la mesa, oyendo la respiración entrecortada del chico. Tenía miedo, y eso le gustaba. Lentamente fue oliendo cada centímetro de su fino cuello, pasándole la lengua logrando que el poco vello que el joven poseía en el cuerpo se erizara a extremos de que el otro lo podía sentir.

Aún estoy enfadado así que ni intentes resistirte –sentenció con una voz severa, grave. Llegando a lo más adentro del menor.

Sin dejarlo mover, posó sus piernas que eran mucho más gruesas y grandes que las del "hada" logrando que el otro sintiera la cual ya parecía permanente erección del vampiro quien comenzaba a restregarse lentamente mientras lamía el principio de su espalda que quedaba al descubierto por la pieza de cuero que quitó lo más rápido que pudo sin cambiar de posición.

El mismo después se deshizo de su pedazo de tela que le cubría el torso pálido, pero trabajado. Atinó a abrazarlo por detrás, envolviendo al menor en un calor que le parecía inhumano al ser el otro tan frío. Sin esperar más, lo cogió del mentón para mirar las bellas expresiones que salían a flor de piel. Veía como estaba totalmente resignado, con miedo que intentaba ocultar y con una respiración más controlada pero que desprendía un erotismo que seguramente solo el vampiro percibía.

Agarró la cintura del menor, desabrochándole los botones lentamente acabando con el cierre bajado. Le gustaba degustar su presa antes de "comérsela". Una presa que llevaba un año siendo la misma, una presa que cada vez que era devorada le hacía sentir cosas nuevas, como si fuese un mundo en el cual nunca acababa de saberlo todo. Eso le desesperaba a la vez que le encantaba, quería tenerlo y saberlo todo de él pero era imposible, aunque no pararía de intentarlo.

Justo al bajar un poco el pantalón del chico dejando ver un bóxer de tela fina de color gris, entró la progenie del vikingo quien se giró a mirar sin dejar de presionar su erección sobre el trasero del menor quien solo miró al frente, topándose con la madera oscura y fría del escritorio.

Por dios, debería llamar a la perrera del puterío montado que tenéis –suspiró la rubia, mientras abría uno de los archivadores sacando un fajo de billetes- te iba a decir que te lo devolvería, pero creo que estamos a mano al hacerme ver esta escenita de zorritas –terminó mientras volvía a cerrar la puerta.

E…Eric, ¿podríamos dejarlo aquí? –titubeó al preguntar como si se estuviese dirigiendo al mismísimo presidente del gobierno.

Calla –ordenó para levantarle la perilla y besarlo con una intensidad que solo la podía igualar la calidez de un atardecer.

El vampiro tenía que admitir que ver al chico metido en ese traje tan ceñido le había despertado esa vena pervertida que tenía. No por nada en especial, solo que sabía que al ver todo tan marcado, partes de su cuerpo que solo podía haber visto y probado él le hacían sentir un poco más falto de frío que de costumbre al hacer esto con el menor.

Con delicadeza le ofreció la mano, dejando de ejercerle presión al menor quien aceptó rápidamente mirándole instintivamente a los ojos llenos de placer del mayor, quien no podía evitar dedicarle esos sentimientos plasmados en miradas pero sin imprimir en palabras. Quizás los dos tenían más orgullo del que reconocían tener.

Los pantalones de John cayeron, al dar este el primer paso para acercarse al otro. Sin pudor, solamente se terminó de deshacer de ellos pegándose al cuerpo de Eric, el cual era bastante más grande pero no importaba. Sonrojado como nunca no tenía ni la más mínima idea de que hacer en ese momento, el mayor posó sus frías y grandes manos en sus nalgas atrayéndolo a su cuerpo quedando su cabeza puesta en el centro de su pecho sin saber dónde poner las manos.

Puedes tocar –sugirió el vampiro, quien se dio cuenta de la situación incómoda del menor.

Con bastante timidez, John fue cruzando sus manos por el torso del otro, una especie de abrazo extraño que reconfortaba, por lo menos a Eric. No podía entender como ese enano lograba calmarlo, cuando por dentro solo pensaba en castigarlo y hacerle sufrir por la "preocupación" que le había hecho sentir.

Después de un par de minutos en los cuales había reinado el silencio, Eric sentó al menor en el sofá donde tantas cosas habían pasado. La erección que tenía no se iba a calmar sola e iba a intentar experimentar cosas nuevas con ese chico quien estaba demasiado sumiso esa noche.

Desabrochó rápidamente su pantalón y bajado sus bóxers dejando ver un prominente miembro recto y duro que tenía ganas de ser saciado. El menor instintivamente se echó hacia atrás mirando para otro lado intentando ocultar la vergüenza.

Hazlo –mandó.

N..no sé h…hacerlo –contestó el menor quien estaba sorprendido de que eso pudiera invadirle cada vez que salía la luna.

Ahora aprenderás –sentenció para agarrarse su miembro con la mano derecha, apuntándole.

John se quedó estático, no sabía muy bien qué hacer, le daba vergüenza, un poco de temor y pudor de hacerlo. No tenía ni la más remota idea de cómo empezar y comenzaba a sentir como cada poro de su fina cara se estaba calentando, hirviendo del sonrojo que le teñían las mejillas. El minuto se había hecho eterno, pero finalmente se acercó abriendo lentamente la boca intentando en vano no mirar el miembro que tenía que comenzar a comer aunque bien sabía el vampiro que no tenía hambre. Desistió en el intento, sabía muy bien que "eso" no le entraría completo en su boca así que cerró los ojos y rápidamente dio una pequeña lamida, sabiendo que eso no sería suficiente propinó otra pero un poco más lenta abarcando un poco más, arrancándole un gemido seco al vampiro quien lo levantó del hombro como si fuese un saco de plumas.

Demasiado lento –rechistó con una cara de excitación tremenda, empotrando al menor en la pared del despacho.

Eric se quitó los pantalones rápidamente juntos con los bóxers bajados y comenzó a refregar su mástil contra el trasero del pequeño que solo jadeaba débilmente por todo lo que acababa de pasar. El vampiro empezó a ensalivar sus dedos con la boca del pequeño quien solo seguía las ordenes físicas del mayor, a quien ya se le habían escapado los colmillos dejando ver su placer y ganas de morder a aquél muchacho.

Sin más dilación introdujo dos dígitos en el agujero de John quien solo atinó a morder el brazo derecho del no muerto para calmar su dolor, aunque para Eric ese mordisco fue una muestra de lo ardiente que estaba su "novio" si es que se le podía llamar así. Al no poder resistirse ni un segundo más comenzó a introducir su gran miembro en la estrecha cavidad arrebatando unos gemidos de dolor y disfrute del pequeño quien tenía los ojos cerrados.

Una embestida, dos embestidas secas y rápidas bastaron para empezar aquél vaivén rápido, descontrolado y salvaje del vampiro quien ya no se podía contener. Sus mano izquierda estaba posada en el trasero de John mientras que la otra aprisionaba su cuello que recibía constantes besos del vikingo. No sabía cuánto tiempo más podría estar sin enterrar sus colmillos en ese preciado cuello, para probar aquella sangre que le daba vida a lo que a él se la devolvía. Ir matando poco a poco lo que a él le daba ganas de seguir soportando la eternidad.

Sin sacar su miembro de dentro, cogió la cintura y el cuello del menor para elevarlo y ponerlo encima del escritorio ladeado, con una pierna encima de su hombro. Para poder acercarse y ver las facciones de ese bello joven, quien estaba rojo, gimiendo de la excitación. En ningún momento paró de embestir fuertemente a John así que eso causaba tenerlo extasiado mientras que el otro disfrutaba, pero a la vez se controlaba.

Déjame morderte –pidió como un cachorro el vampiro sin dejar de penetrarlo.

L..lo prometiste –jadeó entre gemidos el otro sin mirarle.

Mis promesas no valen nada, te voy a morder –preparó los colmillos para proseguir pero este atravesó su mano por el cuello del vampiro propinándole un beso que dejó sin aliento al rubio quien solo se dejó llevar.

P..por favor –solo bastaron esas dos únicas palabras y aquél beso para apaciguar las intenciones del de la mirada zafiro quien levantó la otra pierna del menor poniéndosela sobre su hombro para poderlo mirar fijamente.

Tenerlo debajo de él, tan indefenso, siendo profanado por su persona y totalmente sumiso le hacía perder la cabeza. No supo si fue por rabia de reconocer por una milésima de segundo en su cabeza de que estaba a los pies de ese muchacho o que el placer lo estaba consumiendo por dentro pero comenzó a embestirlo lo más rápido y fuerte que pudo arrancando gemidos ahogados.

Sus ojos que parecían dos misiles apuntando a la cara de John comenzaban a entrecerrarse, dejando escapar unos gemidos secos que propinó en la oreja del menor, sentía como se estaba viniendo dentro de este. Sin sacar su miembro de dentro se recostó encima de John, mientras que este lo seguía atrapando con sus piernas. Los jadeos de cansancio y de excitación consumada ocupaban el despacho.

Así me gusta, ojalá estuvieses así todas las noches –comentó el vampiro mientras propinaba unos besos en la mejilla del otro.

Idiota –respondió John mirando a otro lado, totalmente sonrojado cosa que le arrancó una sonrisa al rubio que segundos después se quedó sorprendido de lo que acababa de hacer, ¿sonreír? Se estaba volviendo un debilucho.

Te traeré unas mantas mientras te duchas, ¿o quieres que te acompañe? –pregunto lamiendo su cuello cual gato con su pata.

Tráelas, por favor.

Sacó su miembro de dentro de la cavidad del chico quien soltó un gemido al notarlo, mientras una delgada línea de líquido blanco salía de ese agujero. Desnudo, el vampiro salió del despacho encontrándose a Ginger con una cara de terror, sus ojos completamente abiertos y con la botella de Vodka entre las palmas de su mano apretándola como si se le fuese la vida en ello.

¿No te dije que te fueras a dar una vuelta? –preguntó sin pudor alguno sacando unas mantas que guardaba bajo la barra.

Es que… -titubeaba la camarera sin saber muy bien que decir.

Estúpidos humanos –rechistó el otro volviendo a entrar en el despacho cerrando la puerta.

Si no os conociera diría que es tu madre –comentó haciendo la gracia Sam, al ver a la señora Christine, peli roja, de unos cincuenta años y tirada en el suelo de la taberna.

Por favor Sam no digas sandeces –respondió Arleen, mirando despectivamente a la mujer- que tengamos el pelo rojo no significa que eso se parezca a mi.

Ya lo sé mujer, no te enfades –rió- no sé cómo hemos podido pasarla por alto ayer, cuando vea como entra el sol por las ventanas le va a dar algo.

Le irá bien para que escarmiente –dijo Arleen metiéndose en la cocina.

Sam despertó a Christine quien se sentó en el suelo, mirando como un bebe a todos sitios. Estaba totalmente desconcertada, no sabía ni donde pasaba. El tabernero reconocía que su negocio era de un doble filo, pero le daba muy buenas ganancias y al fin y al cabo era de eso de lo que se trataba.

¿Dónde estoy? ¿Vantasía? –preguntó agitada.

No, Christine está en mi taberna.

Ew… -dijo con cara de asco Arleen, mirando de lejos la escena.

Está claro que aún sigue borracha. Debería dejar de visitar bares de vampiros –comentó Sam en voz alta para que se enterara.

Por supuesto que no, y desde que pusieron a un chico tan guapo humano en la barra ni loca –respondió ofendida parándose y saliendo a tambaleos del bar, dejando a Sam trastocado ¿un chico humano en la barra del Vantasía? ¿John?

Por la puerta entraba una extrañada Sookie Stackhouse quien miraba irse a la borracha de Christine, mientras parecía que el sol en cualquier momento la quemaría por su blanca piel y que no podía mantenerse en línea recta.

¿Empezamos temprano con los que beben? –preguntó pasando a la parte de atrás del bar para guardar sus cosas.

Acabará mal, lo veo venir –respondió Arleen apoyándose en el marco de la cocina.

Comentarios

  1. ¡Hola!
    Me está gustando, me está gustando.
    Está muy interesante, neta que sí, sigo prefiriendo a John con Eric, este capítulo es una prueba más de que está mejor con Eric, quisiera que éste pudiera transmitirle un poco de lo que siente por él, creo que de esa forma John se sentiría más a gusto, pero en fin, las cosas entre ellos me encantan.
    Por otro lado ya me está cayendo mal el entrometido de Sam, por Dios que se meta en sus asuntos, que irracional me desagrado hacía él, solo no quiero que se acerque a John, porque es de Eric, he dicho.
    Nos vemos.
    Lizie.

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