¿Quieres el trabajo? Entonces Ámame (capítulo 5)

Ya en el coche había retomado una conversación normal solo que el menor lo estaba regañando ¿Cómo se atrevía alguiena regañarle? Lo dejó porque era Misaki, pero nadie en su vida lo había regañado, excepto Aikawa pero ella definitivamente no era una persona.

-Usagi san tenias que haber sido más cortés con Sumi senpai –Reclamaba un poco molesto.

-No me da buena sensación, no es buena influencia –Sentenció-.Además ¿Qué es eso del sábado?

-No lo conoces, así que no lo juzgues –Frunció el ceño-. Bueno me invitó a salir una noche de fiesta, irán amigos suyos que entraran a la universidad, así que iré para intentar integrarme –Dijo nervioso.

-Jajaja –Se rió el escritor-. Está claro que no irás Misaki.


-¿Cómo que no? -frunció el ceño notoriamente.


-Pues lo que oyes, a saber lo que habrá en esa fiesta. Drogas, bebida, más droga, sexo y más drogas. No irás -le molestaba estar rechazando todo lo que decía el menor, pero era por su bien.


-¡No habrá nada de eso! Solo es una pequeña fiesta, además, si está Sumi senpai no pasará nada malo -sonrió mirando por el cristal.


-Vale, si llega la policía y te identifican ya me llamarás -estaba dando donde más le dolía al pequeño, volver al orfanato.


-Está bien -suspiró-. No iré... -no había podido evitar decirlo, con un toque de tristeza en el tono de su voz.


Al llegar a casa, subieron rapidamente, ya que había comenzado a llover. El escritor había notado que el pequeño se encontraba nervioso, no miraba a la ventana, sus movimientos ran rígidos. No era como siempre.


-Misaki, ¿pasa algo? -preguntó desde el sofá, apagando la tele.


-¡No, no! Solo que la carne se está tardando demasiado en hacer y me cansa -rió. Estaba mintiendo.


-Puedes decírmelo, no te voy a juzgar -dijo poniéndose detrás del pequeño, lo cogió de la cintura mientras aspiraba el olor de su cuello.


-Usagi san...-intentó apartarlo, él ya sabía que su casero era cariñoso, pero este le cogió su mano.


-Estate atento a la carne -sugirió. Misaki volvió a remover el sartén, desistió de zafarse, dejando disfrutar un poco más al caprichoso Usami-. Y bien, ¿me lo vas a decir? Estoy esperando.


-Solo me da un poco de miedo la lluvia y la tormenta, sobretodo la tormenta. Es como si sintiese que me va a caer encima. No me hagas caso -rió nerviosamente, mientras el otro ya había hecho desaparecer el espacio que separaba el torso del mayor de la espalda del pequeño.


-No es ninguna tontería, yo cuando era pequeño también le tenía miedo. Solo necesitas a alguien que te ayude a superarlo, ¿quieres dormir conmigo hoy? Así no te sentirás solo. Y si cae un rayo, por lo menos nos partirá a los dos... -soltó con tono lascivo.


-Usagi san me estás poniendo nervioso tú en este momento.


-Está bien, está bien. Voy a tomar una ducha antes de cenar, ¿Vale? Piénsate lo de dormir juntos -sonrió como si él fuese el más inocente de todo el mundo.


Caminó lo más rápido posible hacia el lavabo, rapidamente se sacó la ropa, quedando solo con los bóxers puestos, en el cual se notaba un gran bulto, que se empezó a sobar, soltando pequeños gemidos secos, recordando el tacto de la piel del menor. Tenía que hacer algo si no quería matarse a masturbarse. Ahora la moral de que fuese menor de edad le daba igual, quería estar dentro de él y hacerle gozar como nadie lo haría. Explorar lo que nadie ha hecho antes, y que sea suyo para siempre. Misaki solo conocería el sexo con él, le pertenecería. Se retorcería en las sábanas pidiéndole más, se volvía loco al imaginárselo. Misaki pidiéndole que fuese más rápido, ¿o más duro? Sin darse cuenta, el vaivén de su mano derecha fue más rápido, cogiendo su pene erecto hasta soltar el líquido que impactó contra el suelo, haciéndolo jadear. Sin molestarse en limpiarlo, entró a la ducha para despejarse, ya lo haría después.


Tenía que comenzar a planear un plan para que el futuro universitario cayese a sus pies, era denigrante para él, un reconocido escritor, empresario y multimillonario Usami estar pajeándose por un lampiño adolescente. Tenía que pertenecerle, sentir sus manos en su cuello mientras lo penetraba. No quería volver a tener una erección, pero habría que hacerlo si ese niño iba a dormir con él, acabaría clavándole el pene en ese prieto trasero. “No Usami, joder deja de pensar así” pensó mientras el agua caía por su cabello.



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