¿Libertad? ¿Con un vampiro? Imposible (Capítulo 9)

Del edificio salía Pam, con su melena rubia que le ondeaba el aire mientras que su expresión era la típica de una diva. Vestía un apretado y corto vestido negro, hecho de cuero, al que complementaban unos tacones del mismo color en aguja. Se dirigía al pequeño pueblo de Bon temps, con ganas de matar. 

Mientras tanto, en el Vantasía se encontraba Eric quien estaba sentado en el trono del local. Dos strippers bailaban a su lado, intentando animarlo pero nada de eso lo conseguía. 
Ya se comenzaba a arrepentir de haberle dado aquella libertad a su preciado pequeño, si era suyo no entendía porque tenía que dejarlo vivir solo. No comprendía a los humanos. Se arrepentía de no haberse alimentado de él, si lo hubiera hecho podría sentir sus emociones.
Las que si sentía eran las de su progenie Pam, quien estaba enfurecida. Lo notaba. Dudaba de si ir a ver que pasaba, pero lo veía John seguramente se sentiría decepcionado de verlo. Comenzó a masajearse las sienes intentando olvidar el tema. Ella podría encargarse de todo, confiaba en Pam.

En el Merlotte's la gente se marchaba, era tarde y mañana la mayoría tenían que trabajar. Sookie estaba hablando con Tara, su mejor amiga que estaba sentada en la barra. Arleen se daba mimos con Terry bajo la atenta mirada de John, quien los miraba nostálgico., pero unos brazos que se posaron en su cadera lo sorprendieron.

-¿Tienes sueño? -preguntó Sam, apoyando su barbilla en su hombro, mirándole.

-Un poco... pero os ayudo a recoger, al final no se me daba tan mal atender -respondió afable.

-Oye John 

-Dime

-Soy feliz ahora que te tengo aquí -sonrió, acercó sus labios a los del pequeño pero este le detuvo-. ¿Pasa algo?

-No, solo que creo que es mejor que esperemos un tiempo, ¿no te molesta, no? -si a Eric le había pedido eso, a Sam también. Tenían que conocerse más antes de hacer nada.

-Está bien, lo haremos como tú digas. Me siento afortunado de tenerte aquí conmigo John...-esas palabras causaron un sonrojo en las mejillas del pequeño, que intentó sonreír para ocultarlo, aunque no funcionó.

Depositó un beso su mejilla, e iba dar otro pero la puerta del bar salió despedida, impactando contra el suelo, dejando ver a aquella rubia enfurecida. Sus ojos transmitían un enfado grande, gigante, al igual que sus manos, tensas como piedras.

-Anda mira, pero si estáis aquí. Qué despiste lo de la puerta -dijo con sorna, sonriendo ariscamente.


*** Cambia a primera persona ***


Hm… creo que nos lo quedaremos un rato. Pam, haz que olvide todo lo de esta noche, mientras me llevaré a este descubrimiento a una parte más segura. –sentenció aquél vampiro, que me daba más miedo a cada segundo que pasaba.

Noté como mi cuerpo se desvanecía, desmayándome por completo en sus brazos perdiendo toda la noción de lo que pasaba alrededor. De un momento a otro, como si no hubiese pasado ni un segundo, desperté en una cama muy amplia de color blanco con rosa. Era un hotel, un lujoso hotel.

Así que ya has despertado, bien ahora me vas a escuchar…-estaba al costado mío, sentado mientras mantenía un cigarro que apagó al verme despertar.

¿Qué hago aquí? -pregunté agitado, sentándome rápidamente pero este me cogió del cuello, tirándome otra vez hacia atrás.

¿Quién te ha dicho que puedes levantarte? -preguntó, serio, frío...me estaba matando con esa mirada. Infundía miedo.

Por favor, déjame irme... -rogué, tenía la vaga esperanza de que me dejara marchar.

¿Qué eres? -cuestionó, oliendo el cuello del menor-. No eres humano.

Lo soy -respondí, no era buena idea que supiera la verdad. Menos cuando yo tampoco la sabía sobre él. Solo que era un vampiro.

Mientes, pero me da igual. Solo quédate quieto -sus colmillos salieron a la luz de la habitación, pero antes de enterrármelos mis manos funcionaron a método de defensa, solté un rafaga por mis manos, haciéndolo caer de la cama-. ¿Qué mierda ha sido eso?

Ni siquiera me paré a responder, no tenía ni la más mínima intención de explicarle nada. Salté de la cama corriendo, lo más rápido que pude. Quería marcharme de aquél lugar, e intentar olvidarlo durante el resto de mi vida. No quería estar allí. Giré el pomo repetidas veces, pero no se abría.

-Anda, qué lástima...está cerrado -dijo poniéndose detrás mío. Sentía su respiración chocar contra mi cuello, estaba asustado. Con una mano golpeó la puerta, haciendo que me sobresaltara, pero aguanté-. ¿Eres un hada? Pensaba que se habían extinguido hace siglos, demasiados...por eso hueles de esa manera, ¿te prostituyes, no? ¿con cuantos hombres has estado? ¿cuanto cobras? Te pagaré, todo lo que tu quieras. Considéralo un favor, nunca pago por meterla -sentí algo duro chocar contra mi trasero. No tarde más de un milisegundo en notar lo que era, cosa que hizo alborotarme más.

-Por favor, no lo hagas -intenté resistirme, pero era en vano.

Bruscamente me ladió la cabeza, para oler mi cuello mientras arrancaba mis pantalones. Mis lágrimas comenzaron a caer sin poder evitarlo, era una sensació nueva, pero horrorosa. Prefería estar comiendo la basura de la calle mil veces, antes que hacer esto. Gimió como si quisiera más, eran jadeos de excitación que retumbaban contra mis oídos. Bestia, eso es lo que era.

-Ven, vamos a pasar a otro nivel. Quítate la ropa -ordenó cogiéndome de la cintura, lanzándome a la cama.

-Te suplico que dejes irme, no contaré nada a nadie. Solo soy un vagabundo...por favor -me aventé sus pies, mirando al suelo. No podía parar de llorar, mi sensación era la de estar acercándome a la muerte a cada segundo que pasaba. Sabía que era un deshecho de la sociedad, pero no quería la muerte. Nadie la quiere.

-Pero que perrito, ¿no? -preguntó retórico, al levantarme del cabello, obligándome a mirarle-. Sácate la camiseta -sentenció. Él ya estaba desnudo, su cuerpo era como el de los dioses del olimpo. Zeus en persona, pero sin barba. Su torso era grande, ancho y bien trabajado, al igual que sus piernas. Sus brazos hacían tres de los míos...no tenía ninguna oportunidad al resistirme.

Me deshice de la camiseta, con la mirada perdida en el suelo. Me volví a sentar sobre la cama, tenía las piernas juntas y mis manos apoyadas en el bordillo, esperando su movimiento. 

-Oye, que vamos a follar. No a un funeral. ¿Tanto te disgusta? -empezó a reír descaradamente-. Quién lo diría, con ese culito prieto, esta cara tan fina... -susurró, tirándome lentamente hacia atrás mientras se ponía encima mío-. Este torso tan lampiño -dijo lamiendo de mi ombligo, hasta mis pezones que se endurecieron a la vez que me se estremecieron ante aquél contacto frío-. Tu sangre, tan apetecible, tan especial, tan...única. Voy a morderte, si no mi polla va a explotar -en ese momento se me activó el chip de emergencia en mi cabeza, había perdido por un segundo la noción de quién me estaba haciendo todo esto.

-No me muerdas, te lo ruego... -empecé a pegarle en sus hombros para apartarlo, pero me detuvo solo con una de las suyas, tirándomelas hacia atrás. Me acababa de inmovilizar por completo.

-Deja de hacerte la virgen tonta, me pones de los nervios -rechistó sacando sus afilados colmillos-. Y ahora, al lío... -sentí sus armas vampíricas contra mi cuello, pero solo pude a alcanzar a divisar una luz que lo lanzó varios metros, chocando contra la pared fuertemente. 

-¡John escapa! -Al momento vi una chica, con un largo vestido azul mirándome de al lado de la cama-. ¡Tienes que irte, te llevaremos con los tuyos! 

-Puta zorra de mierda... -dijo el vampiro rubio, quien se limpio la sangre que le salía del labio-. ¡PAM VEN EN ESTE PUTO INSTANTE! -no pasaron ni dos segundos, cuando la vampiresa llamada Pamela hizo acto de presencia, tirando la puerta de la habitación abajo. Estaba en una bata de color rosa. 

-¿Qué coño...? -preguntó al ver aquella escena. Yo en la cama solo con boxers, el vampiro desnudo y con sangre en los labios tirado en el suelo, y aquella desconocida que había utilizado el mismo poder que yo-. ¿Has hecho daño a mi creador? Te vas a enterar, hada madrina de los cojones.

Se lanzó rápidamente hacia la desconocida del vestido y se enzarzaron en una batalla a muerte. Pam  la cogió de su pelo negro largo y la estampó contra la pared, mientras que esta respondió con una patada envuelta en luz, lanzando a la vampiresa al suelo.

-Tú y yo nos vamos, esta no tiene que ser la única -me cogió sobre sus hombros, y me envolvió con la manta de la cama. Noté como mi cuerpo se revolvía al instante, estaba corriendo solo como un vampiro lo podía hacer, hasta que nos quedamos en la azotea del hotel. 

El cielo era negro como el vacío, las nubes amenazaban con soltar rayos y un torrente de agua descomunal. Él estaba desnudo, ¿no tenía frío? Porque yo si que lo tenía, y eso que estaba envuelto en aquella manta tan ancha. Estaba bocabadado. Al segundo el cielo comenzó a inundarse de luces de color blanco, que se hacían pilares contactando con el suelo. No uno, ni dos, unos diez por lo menos.  Una de las luces cayeron en la azotea, desvelando a la persona que menos quería ver en todo lo que me quedaba de vida...

-¡Dame a mi hijo sucio vampiro! -gritó, el que era mi padre. Con el pelo más claro que el mío, una barba de tres días que rodeaba sus mejillas y su barbilla. Los ojos del mismo color que el mío. Vestido con arapos azules, que desprendían elegancia aunque pareciesen cortinas cortadas en dos.

-¿Así que este es tu padre? Anda, no sabía que eras tan importante -dijo sonriendo.

-No quiero ir con él, déjame irme -patalée sobre sus hombros, pero no se inmutó lo más mínimo.

-¿No? -preguntó extrañado-. Bien. Oye rey de las hadas, ¿como te llamabas...? ¿Saurio? Y todo el mundo pensando que las hadas llevaban extintas años, qué ingenuos. Solo estábais escondidos, como buenas ratas que sois. Y no, no te entrego a este bombón...me ha cautivado un poco, un poco solo. 

-Te lo llevarás sobre mi cádavaer -habló ese señor, llamado Saurio, llamado...padre. 

-Pues ven a quitármelo -sonrió burlón el vampiro, quién dio un mordida a mi nalga sin dejar de mirarlo, causando un pequeño gemido de dolor en mí.

¡Continuará! Dejen su comentario por favor :)

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