En el fondo de una botella (Capítulo 2)





Una vez estuvo frente al ojinegro, le retiró el plato y lo colocó en una mesilla que había a la derecha de la puerta.



- Gracias, Luffy, ahora me lo comeré y me dormiré, no me esperéis por cubierta esta tarde, pienso dormir hasta... - No le dio tiempo a terminar la frase. Luffy le puso la mano en el pecho. *¡¿Pero qué... ?!* pensó Trafagar.



- ¡Tienes un tatuaje nuevo!¡Mola un montón! - Luffy tocaba y miraba el tatuaje de su pecho con total admiración, sus ojos centelleaban.



El cirujano estaba petrificado, primero el abrazo del día de la fiesta, y ahora le tocaba el pecho... Lo peor es que lo hacía dentro de su completa inocencia – Luffy.... - murmuró bajando la mirada con semblante serio, mientras Luffy seguía pasando los dedos por su coloreada piel.



- ¡Seguro que tienes alguno nuevo en la espalda! - Luffy alzó sus brazos para quitarle el abrigo por completo, pero cuando rozó el cuello de Law, éste no aguantó más. Lo agarró de los brazos y lo empujó hacia el pasillo tan fuerte que acabaron entrando en el cuarto de los chicos.



Alli se encontraban Usopp y Brook. La escena era curiosa, pero Law no salía bien parado, así que les hizo un saludo con un movimiento de cabeza y salió de allí dejando a Luffy con ellos.



Llegó a su cuarto y cerró con pestillo, cogió la tortita que quedaba en el plato y se la comió sin siquiera saborearla. Después, se acostó.



Horas después, Luffy le despertó aporreando la puerta y gritando que la cena estaba lista. *¡Maldito sea!, ¡¿es que no me va a dejar en paz hasta que le empale?!* respiró hondo *cálmate... venga, sal, cena, charla informal con los Mugiwaras y a dormir otra vez, es simple*. Se abrochó el abrigo y salió. Luffy le miraba con la misma cara de tonto que siempre, pero era adorable, era innato en él.



- Venga, vamos... - murmuró Law mientras cerraba la puerta.



- ¡Vamos! - Luffy saltó a su espalda - ¡llévame a caballito! - sonrió.



Law no podía encontrarse peor. *Tiene que estar haciéndolo aposta... No puede ser tan tonto... o quizás tengo mala suerte...*. Law bufó, pero accedió.



Apareció en el comedor con Luffy encaramado a su espalda. Los Mugiwara no pudieron evitar reírse. Law iba a perder la cabeza antes de abandonar el barco.



Tras la suculenta cena, los Mugiwaras se dirigieron a sus dormitorios, excepto Sanji, que iba a fumarse un cigarrillo antes de dormir, Nami, que tenía que hacer guardia, y, Law y Luffy que aún estaban terminando de cenar.



Una vez hubieron acabado, el cirujano recogió su plato y el de Luffy y los puso en el fregadero. Luffy parecía cansado, se frotaba los ojos y bostezaba.



- ¿Tienes sueño? Sería la primera vez – Trafagar rió y caminó hacia la salida.



- Sí... hoy he hecho muchas cosas... - se puso de pie, y caminó hacia la puerta – Torao...



- ...dime, Mugiwara-ya... - respondió mientras se preparaba para salir.



- Llévame a caballito hasta mi cuarto... - Luffy saltó sobre su espalda de nuevo, pero ésta vez sin energía.



El Shichibukai suspiró, le sujetó las piernas con las manos y lo cargó. Pesaba muy poco, pero ya se veía que mucho no podía pesar, no tenía un solo gramo de grasa a pesar de todo lo que comía.



- Torao... - susurró Luffy a punto de dormirse.



- ¿Qué? - respondió el ojigris.



- Sé mi nakama... - susurró. Law bajó la mirada y la ocultó bajo la sombra de su gorro, pero no contestó.



Cuando estuvieron frente a la puerta del cuarto de Luffy, Law lo bajó y lo despertó. Luffy entró al cuarto con bastante más energía de la que aparentaba hasta hacia un momento. *Será trolero... no tenía sueño, es que no quería andar... *



- ¡Buenas noches, Torao! - gritó Luffy, y se unió a sus nakamas.



Law entró en su cuarto y se quitó el abrigo, dejando al aire su torso tatuado. Lo iba a colgar en el perchero, pero en un acto impulsivo, lo acercó a su cara y lo olió. Aún olía a Luffy. Rió para sí y lo colgó.



Se tumbó en la cama, y se quedó mirando el techo unos instantes. Acaricio el tatuaje de su pecho, para recordar el tacto de Luffy, y después colocó su mano en la zona del corazón.



*¿Quién lo iba a decir...? Alguien le ha robado el corazón al cirujano de la muerte... * suspiró, y cayó en un profundo sueño.

 



Día 2. Desde la perspectiva de Sanji y Zoro:



Sanji se despertó temprano, muy acalorado, estaba empapado en sudor. *¿Cómo he podido sudar tanto... ? Ni que hubiera corrido durmiendo... * De repente, recordó algo; había tenido un sueño erótico. Se frotó los ojos, y bajó la mirada hacia su entrepierna, y la tocó. Estaba mojado. * No me lo puedo creer... ¿En serio, qué coño me pasa últimamente?*. Se levantó, y decidió ir a darse una ducha para limpiarse, tener sus genitales cubiertos de fluidos no le era agradable.



Salió de la habitación con cuidado para no despertar al resto, y fue directo al baño.



*¿Con quién era el sueño erótico...?* pensaba mientras se desvestía frente al gran espejo.



Terminó de desnudarse y se quedó de pie, mirándose al espejo, intentando recordar. De repente, la imagen de Zoro desnudo abrazándole por detrás frente al espejo cruzó su mente como una estrella fugaz y el corazón le dio un vuelco. *¡Oh, joder!¡Venga ya!* pensó mientras se apretaba el entrecejo con los dedos. *Mierda* se había empalmado.



Tenía que aliviarse o le dolería después. Entró a la ducha y dejó que el agua caliente recorriera su esbelto y definido cuerpo. Los mechones rubios caían como lianas por su frente. Se apoyó contra la pared y comenzó a masturbarse. Intentaba pensar en mujeres, en Nami... en Robin... pero sólo Zoro se le pasaba por la cabeza; y cuando pensaba que había conseguido tener la imagen mental de unos pechos, éstos se endurecían y pasaban a ser los pectorales de Zoro. *¡Maldito sea el jodido marimo!*. Finalmente, se rindió y acabó por pensar en Zoro voluntariamente. Se corrió y terminó de ducharse.





Fue a la cocina, y de camino pasó por cubierta, pero iba tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera se fijó en que había gente levantada. Comenzó a preparar el desayuno. A las 10 tenía que ir a la torre, Zoro iba a entrenarle, pero aún tenía algo de tiempo. Decidió hacer tortitas, porque no tardaba demasiado y podía hacer muchas de una sola vez.



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Mientras tanto, en cubierta se encontraba Zoro, apoyado en la torre y mirando hacia el mar. Tenía sueño, pero como siempre, nada nuevo, no tenía nada que ver con que hubiera hecho guardia con Law la noche anterior.



- Roronoa – le llamó el cirujano de repente.



- ¿Hm?



- ¿Qué te preocupa? Estás más ausente que de costumbre, y no estás dormido.



- Nada importante, sólo miro el mar – respondió sin moverse un ápice. No es que no confiara en el Shichibukai... que tampoco; es que no iba a hablar sobre el tema , y menos con alguien que no pertenecía a la tripulación.



Robin apareció de la nada y le dijo algo al cirujano, después se acercó a Zoro.



- Buenos días, Zoro-kun – sonrió amablemente.



- Buenos días



- ¿Una guardia agradable?



- Preferiría haber estado durmiendo, pero ha sido tranquila – respondió el peliverde.



- ¿Por qué no te vas a dormir ya? Estamos todos despiertos.



- No puedo... voy... - hizo una pausa, suspiró y miró hacia otro lado – a entrenar al cocinero.



- Entiendo... - susurró entre risitas. Zoro la miró mal.



Pero a pesar de esa risita, Robin parecía algo ausente, casi tanto como él - ¿Te preocupa algo?



Robin agachó un poco la cabeza – No... no... Bueno sí.



- Cuéntamelo, tengo mucho sueño así que dudo que te interrumpa, no tengo fuerzas.



Robin le contó su problema con Franky, muy resumidamente. Ella sentía que no era suficiente para él, no quería ser utilizada con un desahogo de borracho. Eso despertó algo en Zoro. Una idea.



Zoro no decía nada, ni siquiera la estaba escuchando a éstas alturas, pero ella hablaba y hablaba. Al principio había empezado a contarle todo torpemente, no enlazaba frases, pensaba en voz alta. Eso sí, sin cambiar su expresión seria. Pero al cabo de un par de minutos, había cogido confianza. No esperaba una respuesta de Zoro, simplemente necesitaba alguien con quien hablarlo, y eso a Zoro le venía bien, porque había dejado de prestarla atención al hablar de sentirse un medio de desahogo de un borracho. *Sanji...* comparó mentalmente las dos situaciones. No era lo mismo. Por lo que él sabía, Franky estaba enamorado de Robin desde que habló con ella en el tren marítimo, cuando se los llevaban a Ennies Lobby; y Robin sentía lo mismo, aunque no sabía desde cuándo exactamente.



Sin embargo, Sanji no había demostrado interés amoroso alguno en el espadachín nunca, hasta aquella noche, y para colmo estaba borracho. Zoro le quería, no como un amor cursi de “vamos a casarnos, y a adoptar un crío, y que sea el mejor cocinero espadachín de los siete mares”, sino... un amor de querer protegerlo, tocarlo, estar con él, hablar con él sin que la conversación se tornase ridícula y acabase en una pelea... quería poder besarle. ¿Desde cuándo se sentía así? Quién sabe, no estaba seguro.



La situación no era sostenible. No sabía si lo de aquella noche se repetiría algún día, pero aunque así fuera, no quería. Sus sentimientos estaban de por medio, los de Sanji no. Además, Sanji había dejado muy claro que no quería saber nada del tema. *¿Tenías que pillarte por el más heterosexual del mundo? Te perderás mucho, pero puntería tienes * pensó.



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- Debe ser agotador cocinar para tantos, ¿no? - preguntó Usopp, que acababa de entrar por la puerta sin que Sanji se enterara, mientras tomaba asiento.



- ¡Oh! Buenos días, Usopp. Te acabas acostumbrando – rió, y le sirvió un plato con tortitas - ¿Qué tal has dormido? porque yo fatal.... ésta noche ha hecho mucho calor... o al menos yo lo he tenido....



- No sé, puede, yo he dormido bastante bien... - comió un trozo de tortita – ¡A propósito de dormir!, ¿sabes lo que-...? - Se atragantó y tosió, le hizo un gesto a Sanji y éste le trajo un vaso de agua.



- ¡Bebe, bebe! Y ahora me cuentas lo que sea – rió mientras se sentaba frente a él en una silla. Usopp tragó el agua y la bola de tortitas que tenía en la garganta.



- Te iba a decir... que he oído a Chopper insultándonos en sueños – comentó el narizón.



- No me sorprende, ha ha – rió el rubio.



Sanji sonrió y se levantó para seguir terminando de preparar todo. Había hecho muchas tortitas, demasiadas quizás, pero si sobraba algo Luffy se lo comería, así que no había problema. De repente, Usopp escupió el agua que tenía en la boca como una fuente.



- ¡Oi, Usopp! - rió - ¡¿Qué demonios te pasa hoy?!¡No escupas en mi cocina! - y volvió a darle la espalda.



- ¡Nada, nada! - sonrió, y siguió a lo suyo.



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Robin terminó de hablar, y le sonrió amablemente – Gracias Zoro, hablar contigo me ha hecho pensar fríamente... a ver en qué desemboca esto.... - una sonrisa triste asomó en su rostro.



Zoro no la había escuchado, no la había dado ningún consejo, pero había resultado útil. *Sonríe y asiente* y eso hizo.



El resto de los Mugiwaras apareció en cubierta, Robin fue hacia ellos, despidiéndose de Zoro, y se les unió; iban a desayunar. Luffy fue hacia Law. *Luffy se está encariñando con Trafagar... no debería, algún día tendrán que separarse *.



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Sanji llevaba un rato sin mirar el reloj - ¡Mierda, las 10! ¡Usopp, diles a los demás que se sirvan ellos, tengo algo que hacer! - Sanji se quitó el delantal y salió corriendo de la cocina. Se encontró con parte de la tripulación nada más salir, pero se limitó a saludarles, no podía perder tiempo, tenía que estar en la torre a las 10, tenía que entrenar con Zoro, si llegaba tarde se enfadaría... *¿Desde cuándo te importa si se enfada... ?* Sanji frunció el ceño. *Estúpido cerebro, ¡¿ ahora te da por funcionar?!¡A buenas horas!*.



Subió corriendo a la torre, y cuando llegó no había nadie. *Son las 10, ¿por qué no está aquí?* Sanji intentaba recuperar el aliento por la carrera que se había echado *¿Y por qué debería estar aquí? A lo mejor supuso que no iba a tomármelo en serio... o que pretendo desafiarle llegando tarde... sería típico de mí, ciertamente... ¿¡Y por qué no lo he hecho!?* el rubio se rasco la melena. *A lo mejor se ha perdido, otra vez... No puede ser, ¡¿cómo va a perderse en su propio barco?!.



Se asomó por la barandilla de la torre y miró a cubierta, Zoro estaba sentado justo debajo, podía ver su cabezón de marimo desde arriba.



- ¡Marimo!¡Llegas tarde! - gritó Sanji.



Zoro no sabía desde dónde le llamaban - ¿Ha?¿Ero-cook?



- ¡Idiota, sube ya!



Esa referencia fue suficiente como para que supiera desde dónde le llamaban. Subió y se encontró a Sanji algo impaciente y nervioso.



- ¡¿Por qué llegas tarde?!¡Tu mismo me dijiste que fuera puntual! - Sanji movía la pierna con un tic.



- Dije que TÚ llegaras puntual, de mí no dije nada – rió dejando sus katanas y su abrigo sobre uno de los sofás. Sanji se quitó la camisa y la dejó en éste mismo.



- Maldito... – murmuró Sanji encendiéndose un cigarrillo.



- Oi, tira eso, aquí no se fuma. Fumar es malo para la salud.



- ¡Tú bebes como un cosaco, y tienes el cuerpo plagado de cicatrices!¡Eres el menos indicado para hablar de salud!



- Pero ahora soy tu maestro y harás lo que te diga – mostró una sonrisa socarrona.



Sanji se estremeció *¡Estúpido cerebro!, has pensado mal, ¿¡verdad!?* Cogió el cigarrillo, lo apagó y lo tiró por la ventana. - ¿Contento?



Zoro asintió sin dejar de mostrar esa sonrisa. Acto seguido le pasó un par de pesas, no de las que usaba él, claro, pero para empezar estaban bien.



Pasó la mañana instruyéndole, le hacía repetir tandas de ejercicios mientras el se limitaba a estar tumbado en un sofá. Mientras Sanji se ejercitaba, Zoro pensaba sobre lo que había “hablado” con Robin. No iba a volver a intentar nada, bajo ningún concepto.



Discutieron a gritos un par de veces, como de costumbre. Pero en general la mañana fue provechosa.



- No está mal... prueba con ésta – el peliverde le pasó una pesa de las que usaba él habitualmente. Aunque el cuerpo sudoroso, e hinchado por el ejercicio, de Sanji era muy tentador, Zoro apartó esos pensamientos de su mente. No era fácil, pero tampoco imposible.



Sanji la levantó una vez, pero fue incapaz la segunda vez y se le cayó encima, aprisionándole contra el suelo de madera. Zoro se levantó corriendo para quitársela. Se la retiró como si no pesara lo que pesaba realmente. Y le extendió la mano para que se levantara. - ¿Estás bien?



Sanji, algo dolorido, le agarró la mano y se levantó con impulso – Claro – pero demasiado impulso y se chocó con Zoro. Sanji notó el calor que emanaba el cuerpo de Zoro, ni siquiera había hecho ejercicio y ya estaba ardiendo. Era típico de Zoro, su temperatura corporal normal eran unos 38'5 ºC, eso no podía ser normal. Sólo se habían tocado un segundo pero fue suficiente para que Sanji se pusiera rojo. Ese calor... ese tacto... le hizo recordar la noche que estuvieron juntos, y se empalmó. Estaba paralizado, notaba sus propios latidos del corazón hasta en el cerebro. Le palpitaban las sienes, tenía un nudo en la garganta. Ni siquiera había mirado aún a Zoro a la cara. *¡¡Que no me mire la entrepierna, por dios...!!*.



Éste se limitaba a observarle, con seriedad. Aunque podía oír los latidos de su nakama.



- Oi, ¿estás mareado o algo? Tienes taquicardia...



Sanji no era capaz de hablar, en realidad no estaba escuchando - ¿Q-Qué...?



- Te pregunto, si estás bien – dijo mientras le observaba de arriba a abajo, hasta que paró su mirada en la entrepierna de Sanji. Al llevar los pantalones de su habitual traje, se le notaba la erección. Zoro se quedó petrificado.



El cocinero permanecía pensativo mirando los abdominales de su compañero. Estaban bronceados, definidos y musculosos. De manera impulsiva los tocó, e inmediatamente se arrepintió.



Zoro se había quedado sin habla hacía unos segundos, pero ésto lo descolocó totalmente.



- ¡Voy a ducharme! - Sanji se apartó, y salió de allí tan rápido como pudo.



*¡¿Se puede saber... qué quiere éste tío?!* pensó Zoro.



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Sanji caminaba murmurando cosas entre dientes: maldiciones, insultos, desvaríos... Llegó al baño y entró a la ducha, esta vez, de agua fría. *Estúpido y sensual marimo*golpeó la pared con el puño, y dejó que el agua fría le aclarara las ideas.



Tenía que volver a masturbarse. Pero ésta vez fue distinto. Esperó a que el agua helada enfriara su estado de ánimo, y cuando estuvo más relajado y receptivo, comenzó.



No perdió tiempo en intentar pensar en mujeres, sabía que sería inútil, tenía al cuerpo jota ése metido en la cabeza. Usó su desbordante imaginación para imaginar que Zoro estaba allí con él; que le abrazaba por detrás, agarraba su miembro y comenzaba a masajearlo. Primero despacio, y poco a poco fue aumentando el ritmo. Con una mano se masturbaba y con la otra se apoyaba en la pared de la ducha.



Recordó entonces que aquella noche no llegó a follar con Zoro. Por mucho que odiara estar en ésta situación... *Me arrepentiré de pensar ésto pero... ojalá lo hubiera hecho...*. Decidió imaginarse como hubiera sido, e introdujo un dedo en su entrada. Al principio le molestaba, pero poco a poco fue dilatándose, y terminó por introducir 2, incluso 3. Sólo pensar que el miembro de Zoro estaba dentro de él, le hacía jadear. Terminó viniéndose, y se limpió con el agua que aún seguía cayendo de la ducha.



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Tras haber recogido las pesas, bajó y fue al camarote de los chicos. Se encontró allí a Usopp.



- Usopp, no hagas mucho ruido, que voy a dormir – dijo mientras se tumbaba en su “cama”.



- Eso está hecho – hizo una pausa – Oi.. Zoro...



- ¿Hm?



- ¿...Qué hacías con Sanji en la torre? - Usopp parecía reparar algo.



- ¿Ha..? Le estoy entrenando, no quiere depender solo de sus piernas, no puede correr y llevar peso con ellas al mismo tiempo – respondió el peliverde, ya con los ojos cerrados, cómodamente tumbado sobre su hamaca.



La voz de Usopp pasó a ser un simple murmullo, como las olas del mar, y unos segundos después, se quedó dormido.





El resto del día transcurrió con tranquilidad y “normalidad”. Sanji hizo una deliciosa comida, a la que no asistió. Despertó horas después, ya casi cuando tocaba ir a cenar. Luffy armó jaleo, como siempre, y en cuanto estuvo con fuerzas suficientes, se puso a discutir con Sanji, para no variar la rutina. Todo iba acorde con lo que en ese barco era normal.







Al caer la noche, fueron a cenar, y fue una de esas usuales cenas con gritos, conversaciones absurdas... Trafagar llevó a Luffy a a espalda, como una concha de tortuga, hasta el comedor, lo que provocó la risa de los presentes.



La mayoría fueron a acostarse, pero Zoro, al haberse levantado tan tarde, no tenía sueño y decidió entrenar un rato en la torre.



Desde arriba, vio a Nami y a Sanji charlando en la barandilla. *El cocinero de mierda... no pierde oportunidad para intentar meter el ariete por la puerta del castillo... Idiota*. Se puso a levantar las pesas más pesadas que tenía, quería desahogarse. Ese idiota le ponía nervioso.



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Sanji decidió que necesitaba fumar, le relajaría, así que en cuanto terminó de cenar, fue a la barandilla y se encendió un cigarrillo.



Nami se le acercó – Sanji-kun, ¿estás bien?



- Claro, Nami-swan... - dió una calada.



- Sé perfectamente que no, te lo noto, yo me doy cuenta de todo, Sanji, soy una mujer – respondió Nami con arrogancia.



- ¡Y qué mujer! - contestó Sanji en un intento de flirteo muy forzado.



- Sanji, deja esa pose y cuéntamelo – Nami se apoyó en la barandilla junto a él.



El cocinero le contó, con mucha dificultad para no dar pistas acerca de la identidad de la persona en cuestión, que sentía algo por alguien... por quien no debería sentir eso. Mantuvieron una conversación medianamente profunda, durante la cual Sanji se ventiló 5 cigarrillos. No hizo referencia a los hechos reales, se limitó a hablar en tono general, si decía que la persona en cuestión estaba en ese navío, le pillaría pronto, no eran muchos.



De repente.... - ¡Chicos! - gritó Usopp desde unos metros detrás de ellos.



- ¿Qué? - respondió Nami.



Usopp se acercó unos pasos hacia ellos - ¿está todo bien? -comentó.



- Claro – respondió Sanji sin siquiera girarse, ni retirarse el cigarrillo de la boca - En breves me acostaré.



- Está bien, Usopp, ¿vas a dormirte ya? - respondió la pelirroja, colocándose el pelo detrás de la oreja.



- Mmm... sí, estoy algo cansado, ¿quién hace guardia hoy?



- Yo, hoy me quedo yo... pero si te quieres quedar tú lo entenderé, y me sacrificaré yéndome a dormir a mi mullida y suave cama. Ya sabemos que el mar tiene algo que nos hechiza, y de noche es muy bonito... – Nami sonreía, pero Usopp se alejaba de la escena a zancadas – Mierda – rió la pelirroja.



- Yo me quedaré – comentó Sanji.



- ¡¿De verdad?! - los ojos de Nami centelleaban – Muchas gracias, Sanji-kun, eres todo un caballero – le respondió Nami sensualmente utilizando sus armas de mujer fatal.



Sanji sonrió, y Nami se alejó dando saltitos de felicidad.



*Hace dos años... algo tan simple como ésto, me habría hecho enloquecer... sin embargo.... * dio otra calada.



De pronto, oyó un golpe en la torre y a Zoro maldiciendo a sus propias pesas. Se le había caído una. Sanji esperó un rato a que sus nakamas se hubieran dormido ya, no quería arriesgarse a ser visto. Fue a la cocina y cogió una botella de sake, se sentó en cubierta mirando hacia la torre y comenzó a beber. No a beber por placer, a beber rápido, tenía un plan, para ello tenía que emborracharse. Pensaba repetir la faena. Quería volver a sentir a Zoro, y estar borracho era una excusa perfecta. Al día siguiente podría decir que estaba borracho, y así no tendría que reconocer sus sentimientos,



Al cabo de varios largos tragos, el alcohol empezaba a hacer efecto. Su vista había empeorado, pero de alguna forma, le hacía ver todo más hermoso de lo que era. La luz de la luna rielaba en el mar como espadas brillantes, una por cada ola. Todo le recordaba al estúpido marimo. La luz de la torre era la única luz en muchas millas. Era amarilla, contrastaba con la luz de la luna, y sin embargo, no por ello era menos hermosa. El cielo era azul profundo, en contraste con el negro mar que rodeaba la embarcación.



Zoro seguía allí arriba. De vez en cuando podía ver su sombra pasearse de un lado a otro.



Llegado el momento, decidió que ya estaba lo suficientemente borracho, y decidió ir a buscar al estúpido marimo, que, ajeno a lo que planeaba Sanji, seguía levantando pesas.



El cocinero subió la escalerilla de madera con extremada precaución, lo que le faltaba era caerse ahora. *Eso sí que sería ridículo* pensó.



Llegó hasta arriba y caminó hasta a puerta, donde se quedó de pie mirando a Zoro que estaba de espaldas a él.



Zoro no llevaba su habitual abrigo, lo que permitía a Sanji ver su musculado y sudoroso torso. Estaba hinchado, debido al ejercicio. Sanji deseaba empotrarle y besarle hasta dejarle más seco que Arabasta. Pero Zoro notó su presencia.



Se giró hacia él - ¿Cara arroba...?¿Qué haces aquí?¿No le tocaba a Nami hacer guardia? - dijo mientras dejaba la pesa que estaba usando en su sitio.



- Zoro... - caminó un par de pasos hacia él, con dificultad, porque estaba visiblemente borracho. Y acabó cayéndose delante de Zoro, quien rió un poco.



- ¿Estás... borracho...?¿Tú solo? Qué triste – y sonrió con “esa” sonrisa arrogante. Se agachó para verle la cara. Sanji intentaba levantarse, con poco éxito. Consiguió ponerse, más o menos, de rodillas. - ¿Estás bien? - le preguntó el espadachín.



En ese momento Sanji saltó sobre él y lo derrumbó. Quedó sentado sobre la pelvis del peliverde, quien yacía tumbado boca arriba sin entender nada.



- ¡¿Qué crees que estás haciendo, maldito cocinero de mierda?! - Zoro intentó revolverse, pero Sanji se abalanzó sobre él y lo besó. Sin miramientos, sin perder tiempo, Sanji lo besaba como si fuera a morir al día siguiente. Acariciaba su cuerpo y su pelo. Zoro estaba paralizado, quería seguirle el juego, pero por otro lado no quería. *Recuerda lo que pensabas ésta mañana, no entres en éste juego... Tus sentimientos corren peligro, los suyos no... él... no tiene. Sólo es un desahogo de borracho... está borracho.* Zoro intentó revolverse de nuevo, pero Sanji lo apretaba con fuerza contra el suelo. *No tengo más remedio... lo siento, Sanji*. El espadachín le propinó un soberbio puñetazo en la mandíbula que le rompió el labio, y lo hizo volar hasta el otro lado de la habitación. Sanji se quedó aturdido, y vio como Zoro se levantaba. Éste se paró frente a él.



- No. Sanji... así no. Esto no funciona así. Lo siento. - y salió de la habitación dejando a Sanji apoyado contra la pared.



El cocinero pasó la noche allí, y paseando por la cubierta. Se sentía avergonzado, no quería dormir en el mismo cuarto que Zoro después de aquello... simplemente, no podía. No se había sentido peor en toda su vida. Sentía que iba a llorar de un momento a otro, pero se contuvo.



*¿Y ahora... qué hago...?*

Todos los créditos a Moska Fleur

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