Solo la noche me ayudará a escapar. (CAPÍTULO 7)

-¿P-puedo salir a dar una vuelta? –pregunté sin darle detalles, seguro que si lo hacía me lo negaría.

-Claro, pero no vengas muy tarde. Hoy yo te prepararé el desayuno –respondió mientras se quitaba las sábanas de encima dejando ver su cuerpo tan trabajado, ese torso de revista y esas piernas largas y envidiables, solo calzando unos bóxers de color blanco que le ajustaban toda su zona íntima.

-Gracias –agradecí para que se quedara contento.

Lo más rápido que pude me vestí con lo primero que pillé en la habitación, confundiéndome y poniéndome una camiseta de Usagi san que me quedaba bastante ancha, pero no me importaba. Llegué a donde me esperaba Sam, cogiéndole de la mano para salir velozmente de la casa.

Seguramente Usagi se enfadaría conmigo, pero necesitaba conocer la isla y descubrir donde tenía los barcos. Necesitaba encontrarlos si quería salir por fin de esa isla, para volver a recuperar mi libertad, mi ansiada libertad.
Su mirada me cautivaba, me gustaba en la forma que lo hacía. Era la única cosa buena de aquella isla. Fuimos a dar una vuelta por la playa, a Sam le gustaba mientrs que yo intentaba ir lo más rápido posible para descubrir el embarcadero.
-          ¿Cuál es vuestra historia Misaki? Quiero decir, él es un vampiro. Los de su especie no suelen acoger protegidos –preguntó curioso.
-          ¿Protegidos? No sé… hemos estado juntos durante de dos años, todo fue muy extraño. Comienzo a pensar que lo maquinó todo para acabar aquí, aunque no lo sé –respondí con un poco de tristeza. Habíamos pasado tantos momentos bonitos que quedaron estropeados, ¿quién tenía más culpa? ¿él o yo? No sé… era extraño lo que estaba comenzando a sentir.
-          Así que si que fuisteis pareja. Protegido es cuando un vampiro hace suyo a un humano, como tú. Es algo muy inusual –sonrió.
-          Ah… bueno, la verdad es que no tengo mucha intención de quedarme aquí mucho tiempo –contesté, se me escapó pero creo que no me hizo mucho caso. Ya que supongo que no me tomó muy en serio.
Mientras le sonreía vi a lo lejos un gran barco, mi gran salvación. Corrí dejando a Sam atrás, quien comenzó a perseguirme pero no le hice caso a sus gritos que decían “Para, para” Entré en una pequeña selva, entrando a un muelle corto, había un gran barco negro con azul. No sabía llevarlo, pero me las apañaría.
-          ¡Misaki no subas a ese barco! –gritó corriendo hacia a mí.
-          ¿Por qué no? Puedes venir conmigo Sam, si quieres –le contesté chillando al igual que él, no sé porque pero las lágrimas comenzaron a caer por mi cara- voy a entrar.
-          ¿Qué intentas? –sentí algo detrás de mí, una fuerza sosteniendo mi brazo. Me sentí cohibido. Me giré y era él, ¿Cómo había podido sentirme a tal distancia? Era mi sentencia de muerte.
-          Eh…eh…
-          ¡Lo siento señor Usami, intenté en hacerle entrar en razón! –gritó Sam, notablemente nervioso. Le había ocasionado problemas, era una puta molestia. Simplemente eso, una molestia.
-          Tú y yo ya hablaremos, perro de mierda. Y tú Misaki, te vas a enterar –dijo frío. Muy frío.

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