Solo la noche me ayudará a escapar. Capítulo 4. (completo)


-          Llegamos –Se bajó rápidamente para abrirme la puerta, salí del coche negro y me topé con la ya conocida para mí, La catedral del mar, refugio de vampiros desde hace cientos de años-

Entramos, todo seguía igual que como hace 20 años la decoración gótica tan antigua daba escalofríos.
Entré por los largos pasillos que daban un poco de repelús, con todo el dinero que poseía mi padre no sé porque no lo arreglaba, definitivamente era algo tonto.
-      Oh, Akihiko que sorpresa verte aquí, hijo mío ¿Qué te trae por aquí? –preguntó mi padre emocionado, levantándose de uno de los 3 tronos que habían, para darme un pequeño abrazo.
-      Ya sabes a que vengo, no te hagas el tonto. Vengo a decirte que tengo un protegido. No es que me importe mucho tu opinión, pero tenía que venir obligadamente. –Suspiré, acariciando mi pelo gris para no perder la calma. Mi padre me hacia perder los nervios cuando se hacía el loco, como si no supiera nada.
-      Oh ¡Jajaja! Bueno, si lo sabía para que vamos a mentir. Es bastante mono pero ¿no es un poco simple? –preguntó para si mismo- Si eso es lo único por lo que querías venir, pues ya te puedes marchar, no le haremos nada.
-      Entiendo –respondí seco, dando media vuelta para marcharme por donde había venido, pero me llamó, no me giré pero me detuve para oír lo que me quería decir.
-      Las relaciones entre vampiros y humanos, nunca salen bien, tenlo presente hijo –Dijo en un tono serio, aunque solo lo ignoré. Misaki estaría bien conmigo.
**** FIN POV USAGI ****
Me desperté gracias a la luz del sol que entraba por los huecos de la persiana, los brazos de Usagi estaban abrazándome por la cadera, con su respiración en mi cuello. Ya no tenía miedo, sabía que no me haría daño. Pero estaba cansado de estar en esta isla, ¿por qué no simplemente volvíamos a Japón? ¿tenía miedo de que me escapara? La verdad es que si, quería escaparme y en Japón tenía muchas más oportunidades de hacerlo que en una isla desierta abandonada de la mano de dios.
Levanté su mano de mi cadera, saliéndome del agarre sentándome en una orilla de la cama.  Oí ruido, seguramente era María y su hijo. Me levanté de la cama, pero antes de salir la voz de usagi me detuvo.
-      Ni se te ocurra salir de la habitación con bóxers, está el idiota de Sam ahí fuera –Dijo autoritario, revolviendo su cabello gris.
-      No te preocupes, no soy una chica –resoplé y me dispuse a salir, pero antes de hacerlo me detuvo con su brazo ¿por qué los vampiros se podían mover tan rápido? Así nunca podría escapar.
-      He dicho que no Misaki –Dijo soltando el agarre para pasar sus manos por mi cadera, abrazándome- Te amo
-      Suéltame –dije seco, ¿se creía que después de todo lo que me había hecho, de tenerme secuestrado en una isla iba a ser cariñoso? Ni en sueños.
-      No –me arrastró  a la cama, sentándose encima de mí, besándome el cuello, mis negaciones no le servían de nada-
-      ¡PARA, NO QUIERO VERTE PEDAZO DE IDIOTA! ¡QUIERO VOLVER A JAPÓN! ¡DÉJAME! –le grité comenzando a llorar, gesto que lo hizo recapacitar ya que se salió de encima y me abrazó tumbándose a un lado.
-      Te quiero, no voy a hacerte daño. Misaki, solo me necesitas a mí –dijo dándome pequeños besos en el hombro- Está bien, decidido, vamos a hacer una cosa…

CONTINUARÁ…

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