En el fondo de una botella "Decisiones" (Capítulo 3) (Final)

Día 3: Perspectiva de Chopper (general):



Abrió sus grandes y marrones ojos, ya había descansado suficiente. No podía permitirse un momento de descanso innecesario, ¡era el médico de la tripulación, tenía que estar preparado para cualquier emergencia! A pesar de que Trafagar-senpai era un gran doctor, no era el médico de abordo, no podía esperar que atendiera a sus nakamas, y mucho menos que les diera el mismo trato que él mismo les daría. Se puso de pie en su hamaca, y notó el balanceo del barco. Al ser tan pequeño, cualquier movimiento le afectaba más que a los demás. Necesitaba conseguir estabilidad, así que se bajó. Vio que Sanji no estaba, a diferencia del resto de sus compañeros. *Estará haciendo desayuno... Nami fue la que se quedó ayer haciendo guardia*.

Al caminar hacia la puerta, observó los rostros de sus compañeros. Todos parecían estar soñando.

Luffy babeaba, *sueña que está comiendo*, el reno rió. Brook no tenía ninguna expresión facial, después de todo, era un esqueleto; lo raro sería que la tuviera. Usopp se abrazaba a la almohada y murmuraba el nombre de Kaya, cosa que hizo sonreír a Chopper.

Se acercó a Zoro, su expresión no era agradable, tenía el ceño fruncido y apretaba los dientes. Parecía tener una pesadilla, pero no se atrevía a despertarle, quizás se despertaría de peor humor si no llegaba al final del sueño... ojalá con final feliz...

Se alejó de Zoro temiendo que le golpeara inconscientemente, debido a la pesadilla que estaba teniendo. Salió de la habitación, no esperaba encontrarse a nadie levantado, salvo a Nami. Pero al llegar a cubierta, Nami no estaba allí. *¡¡¡¡¡¿¿¿¿Habrá pasado algo malo????!!!!¿¿¿¡¡¡ Y si se ha caído por la borda y no nos hemos enterado!!!!???* - ¡¡¡¡Nami!!!! - gritó Chopper, y empezó a gimotear.



Sanji se asomó desde la torre - ¿¡Qué pasa, Chopper!? -



Chopper se sorprendió - ¿¡Qué haces ahí!?¡Nami no está! - Chopper lloriqueaba.



Sanji descendía por la escalerilla – Oi, Chopper... ¡no llores, baka! está en su cuarto – llegó al suelo – Ayer no tenía ganas de acostarme – caminaba hacia Chopper – así que la mandé a dormir, y me hice cargo de la guardia como un caballero, eso es todo – se paró frente al renito y le sonrió.



Chopper dejó de llorar – Uff... qué alivio, pensé que se había caído por la borda o algo parecido... – levantó la mirada y se asustó - ¿¿¿¡¡¡Qué te ha pasado en la cara!!!??? ¡Si alguien nos a atacado, dímelo!



Sanji tenía un pequeño corte en el labio y un moratón en el lateral de la mandíbula.



- ¿Ha? Oh... ¡No te pongas en lo peor! - rió el rubio – ¡no es nada! Sólo me golpeé con una puerta antes... estaba oscuro – rió nervioso – Y sobre Nami-swan... podía haber ido al baño... o quizás a buscar algo... ¿¡Tenías que pensar que había ocurrido algo terrible!?



- ¡Podría haber pasado! No quiero ni pensarlo – hizo un pucherito.



- Oi, oi, no llores más, que mi pelirroja... está perfectamente – le acarició el pelo de la cabeza - Voy a hacer el desayuno – comentó Sanji mientras se dirigía hacia la cocina - ¿vienes?



Chopper se secó las lágrimas y asintió. Corrió hasta encontrarse a su altura.



Sanji cocinaba tostadas francesas, le apetecía hacer algo de su tierra natal. Chopper se limitaba a estar sentado mientras le contaba el sueño que había tenido el día anterior: Él era el rey de un país de dulces, en el que todos eran sus súbditos. Y salvó a alguien de morir ahogado en el río de sirope de fresa. Todos le alababan por tamaña proeza.

Sanji reía y eso hacía a Chopper feliz. Le gustaba hacer felices a los demás.

Sanji le sirvió el desayuno, acompañado de un batido de fresa.



- Gracias, Sanji – sus ojitos centelleaban.



- Es mi trabajo, Chopper, es un placer.



Chopper sorbía el batido por una pajita de colores – Los demás siguen durmiendo.



Siguió friendo tostadas - Lo imaginaba, si Luffy estuviera despierto, los demás también lo estarían... es muy ruidoso – rió, y colocó un par de ellas en una bandeja – … y si Luffy estuviera despierto, estaría aquí comiendo. - Sacó las tostadas del fuego y colocó otras.



- Bueno, puede que no necesite estar despierto para eso – comentó el renito y rió – estaba soñando que comía, ¡había empezado a salivar y todo!



- Un sueño feliz, supongo – rió el cocinero. Chopper asintió.



- Zoro en cambio no parecía tener un sueño feliz – Chopper empezó a comer algo preocupado.



Sanji se quedó rígido, pero fue durante una milésima de segundo; inconscientemente quizás - ¿Qué quieres decir?



- Creo que estaba teniendo una pesadilla... ¿Se acostó muy tarde?



El rubio colocaba cubiertos y vasos sobre la mesa, pero parecía distraído – lo suficientemente tarde como para que se despierte dentro de unas... 5 horas – respondió ocultando la mirada bajo su flequillo, que le caía sobre toda la frente.



- ¡Sanji! ¡¡¡¡Las tostadas!!!!! - gritó Chopper. Sanji corrió a quitar la sartén del fuego, pero ya era demasiado tarde. Las tiró a la basura y preparó más.*¡¿A Sanji se le ha quemado la comida?!¡Esto nunca había pasado!*.



- Sanji... se te ha quemado el desayuno... ¿Te encuentras bien?¿Quieres que te examine? Quizás ese golpe tiene algo que ver...



- Estoy bien, sólo ha sido un despiste, no te preocupes – sonrió al terminar la frase.



- Hmm... bueno, como quieras – respondió el renito algo preocupado. *Seguro que le pasa algo* - venga... ¡sólo deja que te eche un vistazo rápido!¡Así me aseguro de que estás bien! - respondió con su carita adorable.



- Está bieeen...



- Cuando termines de preparar todo, te espero en la enfermería.



Chopper terminó de desayunar, y se despidió del cocinero. Acto seguido se fue a la enfermería, su lugar de trabajo.

No sabía si despertar a Law... quería preguntarle tantas cosas... aprender de él. ¡Trafagar-senpai era un médico increíble! A pesar de que eso... estaba muy influenciado por su akuma no mi, tenía muchos y muy amplios conocimientos de medicina. Era una suerte que se hubiera unido temporalmente a ellos, Chopper estaba aprendiendo mucho del cirujano.

Caminó hacia la habitación en la que dormía Law, y llamó a la puerta. De repente, el cirujano abrió la puerta violentamente, parecía enfadado.



- ¡¡¡¡Ahhhh!!!! - Chopper dio un brinco. Trafagar era aterrador a veces.



- Oh, perdone, doctor... pensé que era otra persona. ¿Necesita de mis servicios?



- No especialmente, pero me gustaría seguir aprendiendo de usted, y que me aconsejara con mis investigaciones, si no está ocupado.



Law suavizó el rostro – Cuántos formalismos, doctor... no me llame de usted.



- Tú me llamas de usted – respondió Chopper confundido.



- Hm, cierto – rió – bueno, es la costumbre... es doctor, es por puro respeto.



- No pienses que me haces feliz halagándome, cabrón – Chopper se sonrojó.



Trafagar se puso su abrigo y le acompañó. Cuando llegaron, Chopper dejó su gorro sobre la mesa, al igual que Law.



- Sanji vendrá dentro de poco, tengo que echarle un vistazo.



- ¿Está enfermo?



- No lo sé, es posible... tenía un fuerte golpe en la mandíbula y el labio roto... dice que se golpeó con una puerta... está algo distraído... y ¡se le ha quemado el desayuno hoy!¡Algo tiene que pasarle!



- Comprendo... - respondió el Shichibukai mientras se recostaba en una de las camillas con las manos bajo la nuca.



Al cabo de unos minutos, Sanji entró.



- Ven por aquí, Sanji, siéntate al borde de la camilla – Chopper le guió, mientras Trafagar le seguía con la mirada en silencio.



Sanji se sentó, y Chopper fue a coger su instrumental médico.



- Doctor – interrumpió Law – ¿Podría ir y decirle a Roronoa que después me gustaría hablar con él? Yo me encargaré de examinar a Sanji, no se preocupe.



- Mmm, ¿seguro? Yo soy el médico de la tripulación...



- Chopper, está bien, estoy seguro de que Trafagar-san es un buen médico... - comentó Sanji mirando seriamente al cirujano.



- Está bien, ¡no tardaré! - salió corriendo de la enfermería y se dirigió a cubierta, allí preguntó a sus nakamas por Zoro, y le dijeron que seguía durmiendo. *Oh, es cierto, eso dijo Sanji*. Fue al camarote de los chicos y allí se encontró a Zoro, que seguía durmiendo.

*¿Le despierto...?Antes estaba de mal humor... ¿¡y si me hace algo!?No creo... somos nakamas... pero... * respiró hondo *¿Qué haría Sogeking en ésta situación?¡Sería valiente, eso es!* se acercó a él, aventurándose en terreno demoníaco.



- Zoro... - Zoro no contestaba, sólo roncaba.



De repente, comenzó a murmurar cosas – Lo... siento...



*¿Lo siente?¿Qué siente?*-Zoro... - le llamó un poco más fuerte tocándole el hombro.



- Yo... te... qu~ronquido~



- ¡¡¡¡¡ZOROOO!!!! - gritó zarandeándole bruscamente.



- ¡¡¡¡¿¿Qué demonios pasa??!!!! - respondió el peliverde sobresaltado incorporándose.



- Trafagar-senpai quiere que te diga que tenéis que hablar luego – dijo con total normalidad, como si no hubiera sido él quien le hubiese zarandeado de un lado a otro.



Zoro asintió aún medio dormido – pues que venga a buscarme - y volvió a recostarse y a cerrar los ojos para seguir durmiendo.



El reno se alejó en dirección a la puerta - Por cierto, antes tenías pesadillas, y ahora estabas hablando en sueños. ¿Duermes bien?¿Quieres que te recete algo?



- No te preocupes, Chopper... es sólo... temporal... - respondió acabando la frase con un bostezo, antes de quedarse dormido otra vez.



Chopper salió de allí cerrando la puerta tras de sí. *Misión cumplida, volvamos*. Cuando entró en la enfermería, Sanji seguía al borde de la camilla, y cortó la conversación que mantenía con el cirujano cuando le vio entrar.



- Bueno, ¡ya está!



- ¿Dónde estaba?



- En nuestro camarote.



- ¿Estaba sólo? Ah.. estaría durmiendo, ¿no?



- Sí, pero no me dio nada de miedo despertarle.



- No lo pongo en duda, doctor – respondió el ojigris con una sonrisa.



- ¿Doctor, cómo está nuestro paciente?



- Bien, sólo es una contusión superficial, nada grave. Que se le haya quemado la comida no tiene nada que ver – rió, cosa que a Sanji le molestó.



- Bien, en ese caso, puedes irte – respondió el doctor.



Sanji se levantó, e intercambió una mirada con el Shichibukai antes de salir de la habitación encendiéndose un cigarrillo.

El resto de la mañana, Law estuvo ayudando a Chopper con sus investigaciones. Fue una mañana entretenida.

Llegó la hora de comer, y Chopper y Law se dirigieron a la cocina. Fueron los últimos en llegar, pero nadie les había esperado. En ese barco, modales en la mesa no había, desde luego, pero Chopper estaba acostumbrado. A la hora de tomar asiento, Chopper se sentó junto a Robin, que estaba sentada junto a Franky, y ésta le acarició la cabeza. Por otro lado, Law aceptó la petición de Luffy de sentarse a su lado. Sanji ya había servido todo, y se limitaba a comer, sin levantar la cabeza del plato. Cubría la zona de su cara que estaba herida con su pelo, que se lo había peinado hacia un lado. Estaba rarísimo. *¿Está intentando ocultar su cara?¿Por qué? Si sólo es un golpe... además así llama más la atención... qué peinado tan raro*. Definitivamente, estaba intentando ocultar sus heridas, se había sentado en un lateral, de forma que sus heridas quedaran hacia donde no había nadie.

Nami comía mientras charlaba con Usopp y Brook. Y Zoro estaba muy serio, comía, pero parecía estar en otro planeta.



- Robin... - susurró Chopper.



- Dime, doctor-san – susurró igualmente la arqueóloga.



- ¿Ha pasado algo... hoy? - continuaron hablando en el mismo tono de voz.



- ¿A qué te refieres?



- Sanji... mira su pelo... está ocultando un golpe que se dio con una puerta... y no está diciéndole cosas a Nami... Además, él... y Zoro... no están peleándose... Zoro no está bebiendo sake... ¿¡Crees que estarán gravemente enfermos!? ¡Sanji ya ha estado en mi consulta hoy, no debería tener nada!¡Aunque le ha mirado Trafagar-senpai, no yo, quizás se equivocó en el diagnóstico... pero él es un gran médico... entonces...! - antes de que pudiera seguir elucubrando, fue interrumpido por la arqueóloga.



- Chopper-san, estoy segura de que no están enfermos... - hizo una pausa, durante la cual pareció dudar – voy a animar la comida, ¿vale? - y sonrió amablemente. Cogió su copa y su tenedor, y dio unos suaves golpecitos en ella. Después, carraspeó. Todos cesaron de comer. Bueno, excepto Luffy, que se quedó inmóvil y mirándola de forma expectante, mientras sorbía un fideo – Quería deciros, que Franky y yo estamos juntos.



Nami escupió la sopa - ¿¡En-En serio!? ¡Estupendo! ¡Franky, ya era hora, ¿eh?!



Franky asintió, estaba bastante ruborizado pero no podía evitar sonreír como un colegial. Chopper sonrió y también les felicitó. ¡Era la primera vez que había una pareja en la tripulación!Durante unos minutos, todo fueron preguntas indiscretas hacia la recién proclamada pareja. Robin contestaba con total sinceridad, absteniéndose de contar cosas de carácter privado o muy personal. Sin embargo, Franky había cogido confianza en el tema, y no hacía más que presumir delante de los chicos. Parecía que el dúo dinámico empezaba a reaccionar, no cómo siempre, pero por lo menos participaban en la conversación.



- Bueno, entonces esto quiere decir que cuando acabemos el viaje... - Nami daba vueltas a la sopa con la cuchara - ¡¿tendréis niños?! - se entusiasmó.



- Supongo que sí, Nami-san – respondió Robin con una risita.



- Seré una gran tía... la tía Nami – comentó muy segura de sí misma – pero no de las que dan dinero, de las otras, de las que dan amor – esto último hizo reír a todos.



Robin se giró hacia Franky, que la tenía agarrada de la cintura, y le dio un suave beso.



- ¡Oi, Robin! - gritó Luffy desde el otro extremo de la mesa.



- Dime, Luffy-kun – contestó, apartándose del carpintero para mirar al capitán.



- ¿Qué es eso? - preguntó el ojinegro. Law pareció despertar de su empanamiento.



- ¿El qué?



- Eso que acabáis de hacer



- Es un beso – respondió la morena con una sonrisa.



- ¿Qué significa? - Luffy parecía estar muy sorprendido, y Trafalgar estaba muy atento a la conversación.



*Hasta yo sé que eso es un beso, y lo que conlleva, ¿él no?* pensó Chopper. El resto de la tripulación mantenía diversas conversaciones. Apenas un par de los presentes estaban al tanto de la conversación que estaba teniendo lugar en ese mismo instante.



- Significa que le quiero, que quiero estar con él – respondió la arqueóloga. Franky se sonrojó ante ésto último.



- ¿Como yo quería a Ace? - Luffy parecía interesado en el tema.



- No, Luffy – rió – esto es en un sentido romántico, no familiar o fraternal.



Luffy miró a Law, que parecía sobresaltado, y “pensó” en voz alta - ¿Entonces tú..? - y de repente, y sin que pudiera terminar la frase, Luffy y Law desaparecieron.



- ¡¡¡¡¡¡Aaaaahhh!!!!! ¿¡Luffy ha desaparecido!? - gritó Chopper poniéndose de pie de un salto.



- ¡Shhh! - Robin le chistó, y después susurró – Nadie más se ha dado cuenta de cómo se han ido, estoy segura de que está bien... pero creo que tengo que mantener una conversación con el capitán... - se quedó pensativa durante unos segundos – no te preocupes, doctor-san – terminó con una sonrisa.



- Pero... pero...



- No le des más vueltas, recuerda que Law es doctor... está en buenas manos...



Ante esto, Chopper se limitó a asentir.

Una vez hubieron acabado de comer, todos salieron del comedor y se dirigieron a cubierta. Excepto Sanji, que se quedó a lavar los platos, y Robin que desapareció por el pasillo.

Salió a cubierta acompañado de sus nakamas. Brook se sentó en un banco y comenzó a tocar una animada canción con su guitarra. En el estribillo cantó a Nami que le enseñara las bragas, y ésta a modo de respuesta le dio una patada en la boca.

Luffy volvió poco después desde el pasillo.

- ¡Luffy! - Chopper corrió hacia él - ¡¿Dónde te habías metido?! ¡Desaparecisteis sin dejar rastro!



- ¡Ah! ¡Lo siento, Chopper, no quería asustarte! Torao quería hablar conmigo sobre el plan.



Robin salía a cubierta desde el pasillo.



- Pero os fuisteis tan de repente...



- ¡No te preocupes! ¡Torao es buena gente! - Luffy mostraba aquella sonrisa que nunca se desvanecía.



Chopper asintió. Todo estaba bien. *Qué alivio*. Los tres se unieron al resto.

Franky y Robin estaban muy acaramelados, era agradable.

Pasaron una tarde agradable, tomando el sol, contando historias, jugando entre ellos, pescando...

Los únicos que no aparecían por allí eran Sanji, Trafagar y Zoro. *¿Dónde estarán?* pensaba el renito.



Al cabo de unas horas, Chopper volvió a la enfermería, y el resto, decidió dedicarse a otras actividades también. Quería leerse un par de libros de divulgación científica que Trafagar-senpai le había recomendado. Y pasó parte de la tarde tumbado en una de las camillas leyendo cómodamente.

Al cabo de un par de horas, alguien llamó a la puerta.



- Adelante – Robin entró en la habitación – ¡Hola, Robin! - dijo el renito de forma adorable.



- Buenas tardes, doctor-san – respondió ella amablemente – venía a avisarte de que vamos a ir a la cocina a jugar a las cartas y a juegos de mesa, ¿te apetece venir?



- ¡Claro! - Chopper se puso de pie en la camilla de un salto, y estiró los brazos en dirección a la arqueóloga con intención de ser llevado como un niño pequeño. Ésta le cogió y lo llevó hasta la cocina, donde Brook, Luffy, Usopp, Franky y Nami esperaban impacientemente.



- ¡Ya estamos aquí! - dijo Robin alegremente al entrar en la cocina.



- ¿Y Zoro y Sanji no vienen? - preguntó la pelirroja.



- No, estaban ocupados – rió Robin suavemente.



Usopp y Brook se miraron aterrorizados, pero Chopper no entendía su estado.

Estuvieron jugando al parchís...



- ¡Ha! Brook, me ha salido un 4, ¡te la como! - dijo Nami mientras movía su ficha y devolvía la de Brook a “casa”.



- Nami-san... al menos invítame a cenar antes... ¡Respétame, soy un princeso! ¡¡¡Yohohohohoho!!! - respondió Brook. Todos rompieron a reír, menos Nami, que le sacudió un buen puñetazo.



Jugaron al Monopoli, donde Nami consiguió la mayoría de las calles y estableció multitud de hoteles en ellas, haciendo que prácticamente todos los demás jugadores se arruinaran.

También jugaron a las cartas, diversos juegos, durante bastante tiempo. Robin hacía trampas, pues creaba ojos en las frentes de sus contrincantes para ver sus cartas. Luffy alargaba el cuello de vez en cuando y espiaba las cartas de Usopp, pero era más visible y cuando le pillaban, le echaban la bronca. Por su parte, Usopp fue el ganador de “El Mentiroso”, aunque suene tópico.



En mitad de una partida de cartas...



- ¿No oís golpes en cubierta? - comentó Franky



Robin se alarmó – No, Franky, cariño, no es nada – respondió con “amabilidad”.



- ¿Seguro? Por que yo juraría que...



- ¡Franky, no te preocupes, no es nada! ha-ha... - rió Usopp con risa nerviosa y expresión de pánico – no hace falta... que vayas.



- ¡¿Veis?! ¡Acabo de oír otro! Voy a mirar qué es... - se levantó, pero Robin le agarró la mano y le miró seriamente.

Parecía que se comunicaban por telepatía. Franky volvió a sentarse obedientemente, Robin le susurró algo al oído, y no volvió a mencionar el tema. De vez en cuando intercambiaba miradas de sorpresa, terror y curiosidad con Robin, y ella reía. Como si estuviera asimilando algo y le costara.

Era evidente que sí había ruidos en cubierta. Era evidente que algo estaba pasando. *¿Por qué no querrán ir a ver qué pasa?¡Es evidente que hay ruidos ahí!¿¡Y si nos están atacando, y Law, Zoro y Sanji están defendiendo el barco valientemente!?*

Empezaron a oír voces lejanas... gritos quizás... y el ambiente se tensó. Chopper podía observar como Usopp sudaba a raudales, Franky se ponía rojo e intentaba fingir que no oía nada y, Brook y Robin parecían tan calmados que era raro y no colaba.

Al cabo de un rato, la tensión era más que notable, Chopper y Nami actuaban de forma desconfiada, todo el mundo parecía saber algo que ellos no sabían, les molestaba, y Robin se dio cuenta.



- Venga, no os pongáis así... Sólo son Zoro y Sanji peleándose entre ellos como siempre... - comentó Robin mientras observaba sus cartas.



- ¿Sólo eso? Entonces, ¿¡por qué no queríais ir a verlo!? - preguntó Nami aún desconfiada.



- ¿Para qué? Ya están muy vistos – comentó el esqueleto sin mirarla a la cara, mientras echaba una de sus cartas al centro de la mesa.



- Además, por una vez que estamos tan centrados en algo, con tanta tranquilidad... - dijo Robin.



- ¡Yo quiero ver cómo se pelean! - gritó Luffy - ¡Siempre es divertido! - rió.



Robin le miró con su mirada asesina durante una décima de segundo, suficiente para que Luffy la viera y el resto no se percatara.



- Pensándolo mejor... los tengo muy vistos – contestó el capitán mientras robaba una carta del montón y sonreía nervioso.



- Bueno, si sólo es eso... - respondió Chopper amablemente *No me lo trago... *



Llegó la hora de cenar, y Sanji no había aparecido por la cocina en toda la tarde. Todos comenzaron a desalojar la habitación.



- ¿Y la cena? ¡Sanji no ha venido aún, y ya es tarde! - Chopper estaba algo preocupado, estaban pasando cosas raras en el barco ¡y él era el único que no sabía nada! Bueno, Nami, tampoco, por lo visto.



Robin se giró hacia él – no te preocupes, vendrá en seguida – sonrió, y le dio la espalda para salir de la cocina.



- Me muero de hambre, ¡voy a buscarle! - salió y fue hacia el centro de la cubierta. En ese momento, vio a Zoro salir de la torre. Bajaba por la escalerilla de madera. Decidió ir a preguntarle por el paradero del cocinero, así que se acercó y espero frente al final de la escalerilla a que el espadachín descendiera.



Éste llegó abajo, y se dio la vuelta - ¡¡¡Ah!!!¡Joder, Chopper, deja de aparecer de la nada!



- Perdón – respondió el renito con su cara adorable – ¿sabes dónde está Sanji? Es la hora de cenar, y nadie le ha visto desde hace un rato...



- Hmm... está durmiendo



- No, he estado en el camarote pero no está allí – Chopper continuaba mostrando esa inocente sonrisa. *No he estado en el camarote, pero aquí pasa algo, y Zoro sabe qué es seguro... *



- ¿Dónde... no has mirado? - respondió nervioso.



*Zoro viene de la torre... * - ¡En la torre!



- Entonces tiene sentido, porque está allí... ¡durmiendo! - *Qué casualidad...* pensó el reno sin malicia - Ya sabes, se quedó ayer haciendo guardia y estaba cansado. Además, no podía conciliar el sueño en el camarote así que me pidió permiso para dormir ahí.



- Oh, qué buena persona, Zoro – sonrieron ambos - ¿Y qué hacías tú allí?



- Hmm... Sanji... Sanji me dijo que nadie le molestara, yo me encargaré de la cena hoy...



- ¿Tú? ¡Wow, no sabía que sabías cocinar! - eso sorprendió a Chopper.



- Esto... sí, bueno, alguna cosilla...





Aquella noche, la cena no fue muy allá, pero habiendo cocinado Zoro... era de esperar.

Nadie se quejó al respecto, por lo menos había cena. Además, el pobre Sanji se merecía un descanso. Siempre se encargaba de hacer las tres comidas diarias para los nueve tripulantes, más el resto de meriendas/almuerzos de Luffy a lo largo del día; por no hablar de que lavaba los platos, y muchas veces hasta hacía la colada.

La comida fue agradable, todos parecían bastante “tranquilos”, salvo Trafagar-senpai, que comía muy rápido, como si quisiera acabar e irse cuanto antes.

De repente, Sanji apareció por la puerta, medio dormido, frotándose los ojos.



- Lo siento mucho, chicos, ahora mismo hago la cena... Joder que sed... - se acercó al fregadero y se sirvió un vaso de agua.



- No hace falta, ya la ha hecho Zoro – respondió Nami.



Sanji se giró atónito escupiendo el sorbo de agua - ¿Q-Qué...?



- ¡Luego me dices que no escupa en tu cocina! - gritó Usopp desde el fondo.



- Como estabas durmiendo, Zoro ha hecho huevos revueltos para todos – comentó Brook.



- ¡Está rico! - dijo Chopper con energía.



- ¡Sanji, si no te gusta, me lo das, ¿no?! - gritó Luffy desde su sitio. Típico del glotón del capitán.



Sanji se sentó, intentando asimilarlo, y comió.

Terminaron de cenar y todos se fueron a sus respectivas habitaciones, salvo Sanji y Zoro que iban a “fregar los platos”, y Chopper, que le tocaba hacer guardia.

El renito salió a cubierta, y se sentó apoyado en la barandilla mirando hacia el resto del barco. La luna estaba detrás de ellos. Ensombrecía el barco y dibujaba una fina línea de luz que lo perfilaba. Se quedó mirando la luna. *Qué bonita es... *



Al cabo de unos minutos, la puerta de la cocina se abrió, y vio a Zoro y Sanji a punto de salir. *¡Qué pronto han terminado! Hacen buen equipo juntos, lástima que siempre se estén peleando*.

De repente, Zoro besó al cocinero. Y Chopper sufrió un micro-infarto acompañado de un escalofrío, pero se tranquilizó a los pocos segundos. *Así que era ésto... * sonrió con malicia.





Día 3: Perspectiva de Zoro y Sanji:



*No puedo dormirme. No debo, pero aunque tuviera que hacerlo, soy incapaz* Ladeó la cabeza.

Se encontraba sentado en un sofá de la torre, mirando por la ventana. Un cigarrillo encendido en la boca, y su pelo alborotado por el viento marítimo.

*¿Y ahora qué hago?* tenía la mirada perdida *¿Por qué estoy así? No es tan importante...* su cigarrillo se consumía lentamente *¿Por qué me siento así?¿Es porque me ha golpeado con intención real de hacerme daño... ? Yo... * cerró los ojos *¿... De verdad... siento algo?*.

Recordó entonces cuando le conoció. Por aquel entonces, Sanji trabajaba en el Baratie, junto a Zeff, su mentor. Al mismo tiempo conoció a la hermosa Nami, al mentiroso de Usopp, al tonto de Luffy... y a él. ¡Cómo se odiaban, y ni siquiera eran nakamas todavía! *¿Nos odiábamos?*

Ya cruzaban miradas de odio, desafiantes... *¿Eso eran?* Objetivamente hablando, Zoro era atractivo cuando le conoció. Objetivamente hablando, claro. *Un hombre puede opinar sobre la belleza de otro sin que eso implique atracción sexual... ¿está claro? Sí*. Era un muchacho alto, delgado y fornido. Unos hombros anchos y unos músculos bien definidos. Lo del pelo verde le impactó. *¡¿Quién demonios tiene el pelo verde de forma natural?! El estúpido marimo *.

*Cuando Mihawk le rajó el pecho de un extremo a otro, sentí miedo, y eso que no le conocía de nada... Pero luego vi que ese cabeza de alga era más fuerte que eso*.

Desde el principio, Sanji supo que si se unía a la tripulación de Luffy, habría rivalidad entre él y Zoro. *¿Fue esa... una de las razones por las que les seguí?*

*Tantas peleas, tantas discusiones absurdas, tantos piques, tantos motes, tantas burlas... *

*Recuerdo lo que pasó en Thriller Bark... *

Kuma iba a acabar con Luffy, mientras éste estaba inconsciente, y Zoro ofreció su vida a cambio de la del capitán. Después... *Yo ofrecí mi vida... a cambio de la de ese imbécil... ¿por qué?*

Ante esto, Zoro le dejó K.O, con el fin de que Sanji no diera su vida por el. *¿Por qué me frenó? Nunca sabremos que pasó después, sólo él lo sabe... pero recuerdo que cuando desperté, sólo podía pensar en ese estúpido marimo... *

Sanji corría entre los escombros, buscándole, pero no lo encontraba. Estaba a punto de ponerse a llorar *“A llorar”... Yo... no suelo llorar... entonces, ¿por qué...?*.

Y de repente le vio. Allí de pie, en medio de la nada, cubierto de sangre de arriba a abajo, con la ropa desgarrada y la mirada ensombrecida. “¡Zoro, ¿qué demonios ha pasado aquí?!” Zoro se limitó a contestar “Nada”, sin inmutarse.

Durante un par de días, Zoro estuvo inconsciente y muy grave, pero salió adelante. *Pasé las noches de mi guardia... en la puerta de la enfermería... *

*¿Y qué hay de Sabaody...? Kuma nos iba a derrotar... de nuevo, habría supuesto el fin de los Mugiwara... Uno a uno, nuestros nakamas fueron desapareciendo sin dejar rastro. Pero cuando lo hizo Zoro... sentí un vacío total... e ira...*

Sanji se lanzó contra Kuma con toda su furia; pretendía acabar con él a patadas, pero no fue así. Él también desapareció.

Tras dos años en Kamabaka, con Ivankov, volvió siendo más fuerte, más resistente y... habiendo descubierto su lado femenino... *Sí, para qué negarlo*. Estaba preparado para cualquier cosa... excepto para volver a encontrarse con él. *... se me aceleró el pulso cuando le vi*. Estaba muy cambiado. Era más alto y muchísimo más corpulento, era como un armario de 1'90. Una cicatriz le cruzaba un ojo, aunque nunca les contó el porqué de esa cicatriz. Vestía algo más elegante, o al menos lo parecía debido al largo abrigo que llevaba.

Su primer impulso fue ir a abrazarlo, pero lo descartó al segundo.

*Si hubiera sabido entonces que... *

Y ahora continuaban su larga travesía.

Abrió los ojos.



* ”No. Sanji... así no. Esto no funciona así. Lo siento” * pensaba en las últimas palabras que le había dicho. Las primeras líneas doradas del día dibujaban espadas en las olas. *No hay manera de que huya de ésto, no puedo huir de algo que está presente en cada cosa que miro... de todos modos, ni se me había pasado por la cabeza dejar la tripulación, éste es mi hogar*. Se puso de pie mientras daba otra calada * Actuaré con toda la naturalidad que me sea posible, y espero que él haga lo mismo... Nadie sabrá nada del asunto* caminó hacia la pared donde Zoro lo había lanzado la noche anterior. *Yo no... yo no le quiero ni nada por el estilo*

Una voz en su cabeza le preguntó - *¿Estás seguro?*

*Por supuesto. Yo... ¡yo soy hetero!* - Pero ésta sensación... no se va... - golpeó la pared de madera con la cabeza, y apretó la mandíbula *Joder, Zoro...*



- ¡¡¡¡Nami!!!! - gritó Chopper gimoteando desde la cubierta. Ésto sacó a Sanji de sus pensamientos, le hizo reaccionar y se asomó desde la torre.



- ¿¡Qué pasa, Chopper!?



Chopper se sorprendió - ¿¡Qué haces ahí!?¡Nami no está! - Chopper lloriqueaba.



Sanji descendía por la escalerilla – Oi, Chopper... ¡no llores, baka! está en su cuarto – llegó al suelo y fue acercándose a él – Ayer no tenía ganas de acostarme... así que la mandé a dormir, y me hice cargo de la guardia como un caballero, eso es todo – se paró frente al renito y le sonrió, estaba aprendiendo a mentir gracias a Usopp.



Chopper dejó de llorar – Uff... qué alivio, pensé que se había caído por la borda o algo parecido... – levantó la mirada y se asustó - ¿¿¿¡¡¡Qué te ha pasado en la cara!!!??? ¡Si alguien nos a atacado, dímelo!



- ¿Ha? Oh... ¡No te pongas en lo peor! - rió el rubio con nerviosismo – ¡no es nada! Sólo me golpeé con una puerta antes... -*¿colará?*- estaba oscuro – *Tiene que colar, ¡es Chopper!* rió nervioso – Y sobre Nami-swan... podía haber ido al baño... o quizás a buscar algo... ¿¡Tenías que pensar que había ocurrido algo terrible!?



- ¡Podría haber pasado! No quiero ni pensarlo – hizo un pucherito.



- Oi, oi, no llores más, que mi pelirroja... - *Ya no me hace sentir como antes llamarla así, ¡¿será que ya no me gustan las mujeres?!*- está perfectamente – le acarició el pelo de la cabeza - Voy a hacer el desayuno – comentó Sanji mientras se dirigía hacia la cocina - ¿vienes?



Chopper se secó las lágrimas y asintió. Corrió hasta encontrarse a su altura.

Sanji cocinaba tostadas francesas, le apetecía hacer algo de su tierra natal. Chopper se limitaba a estar sentado mientras le contaba el sueño que había tenido el día anterior, y Sanji reía. Le sirvió el desayuno, acompañado de un batido de fresa.

Siguió friendo tostadas mientras hablaba con Chopper sobre sus nakamas. Al parecer, hablaban en sueños. Luffy babeaba pensando en comida. *No me sorprende*.



- Zoro en cambio no parecía tener un sueño feliz – Chopper empezó a comer algo preocupado.



Sanji se quedó rígido *Mierda... ¿te encuentras mal ahora, verdad, Sanji? Ya sabes por qué es... Cállate, estúpido cerebro* - ¿Qué quieres decir? - *Ahora no soy tu cerebro*



- Creo que estaba teniendo una pesadilla... ¿Se acostó muy tarde?



El rubio colocaba cubiertos y vasos sobre la mesa, *es evidente que es por mi culpa. Joder, no debería estar preocupado.* – lo suficientemente tarde como para que se despierte dentro de unas... 5 horas – respondió ocultando la mirada bajo su flequillo, que le caía sobre toda la frente. *Cerebro estúpido, habíamos quedado en que Zoro no significaba “eso” para mí, no te interpongas entre mi decisión y yo...**Sanji, idiota, estás hablando contigo mismo...*. Suspiró.



- ¡Sanji! ¡¡¡¡Las tostadas!!!!! - gritó Chopper. Sanji corrió a quitar la sartén del fuego, pero ya era demasiado tarde. Las tiró a la basura y preparó más.



- Sanji... se te ha quemado el desayuno... ¿Te encuentras bien?¿Quieres que te examine? Quizás ese golpe tiene algo que ver...



- Estoy bien, sólo ha sido un despiste, no te preocupes – sonrió al terminar la frase, *Chopper no se ha dado cuenta antes, pero si sigues así te va a pillar, imbécil*



- Hmm... bueno, como quieras – respondió el renito algo preocupado - …venga... ¡sólo deja que te eche un vistazo rápido!¡Así me aseguro de que estás bien! - respondió con su carita adorable.



- Está bieeen... - *A lo mejor así me deja tranquilo*



- Cuando termines de preparar todo, te espero en la enfermería.



Chopper se marchó a la enfermería tan pronto como terminó de desayunar. Mientras tanto, Sanji terminaba de preparar todo y de limpiar la cocina. Cuando acabó con los preparativos fue a ver a Chopper. Pero antes, pasó por delante del camarote de los chicos, *seguro que está durmiendo...* se recompuso *Sanji, olvídate* frunció el ceño. Llegó a la habitación donde se encontraba el médico y entró.



- Ven por aquí, Sanji, siéntate al borde de la camilla – Chopper le guió, mientras Trafagar le seguía con la mirada en silencio.

Sanji se sentó, y Chopper fue a coger su instrumental médico.



- Doctor – interrumpió Law – ¿Podría ir y decirle a Roronoa que después me gustaría hablar con él? Yo me encargaré de examinar a Sanji, no se preocupe.

Sanji sintió una puñalada. *¿¡Qué tiene que hablar éste tío con Zoro!?¿¡Y por qué le llamo Zoro!?¡Él es Marimo!*



- Mmm, ¿seguro? Yo soy el médico de la tripulación...



- Chopper, está bien, estoy seguro de que Trafagar-san es un buen médico... - comentó Sanji mirando seriamente al cirujano con desconfianza.



- Está bien, ¡no tardaré! - salió corriendo de la enfermería.



Law comenzó a examinar el hematoma de la mandíbula de Sanji, y a continuación su labio roto - ¿Qué te ha pasado?



- Me golpeé con una puerta durante la guardia, ya sabes, estaba oscuro - *Venga, creetelo*



- Bien, ahora cuéntame rápida y resumidamente la verdad, porque ambos sabemos que eso es mentira y no tenemos mucho tiempo – hizo una pausa. Estaba serio, como siempre. Su expresión era autoritaria y dominante - Kuroashi... - suspiró – soy médico, sé que ésto ha sido causado por un puñetazo, y ha sido fuerte, pero no todo lo fuerte que podía haber sido... se podría decir que fue con cuidado - esas palabras hicieron que a Sanji le diera un vuelco el corazón - Sólo sé de una persona en éste barco con esa fuerza, y que podría haber encontrado motivo para golpearte. Así que, o me cuentas por qué Zoro te ha golpeado – Sanji se puso tenso – o se lo diré a Chopper, quien por cierto, ya sospecha que te pasa algo – acabó la frase con una sonrisa malévola, que pondría la carne de gallina a cualquiera.



- ¿Por qué haces ésto?



- Está bien, no hay tiempo para charlar. Cuando vuelva Chopper, nos dirá dónde está Roronoa, es opción tuya o no, ir en mi lugar a hablar con él.



- ¿Le has dicho a Chopper que vaya a decirle que tú quieres hablar con él para que yo vaya a hablar con él? Es muy enrevesado... - Sanji dudaba de las intenciones del ojigris.



- Roronoa lleva ausente y pensativo desde que me dijo que iba a entrenarte. Y ayer después de vuestra sesión intensiva, estuvo esquivo. No me importa en absoluto lo que haya entre vosotros, pero hoy me siento generoso... y curioso – sonrió de nuevo – así que pretendo echarte un cable, tú decides si agarrarlo o no – durante un par de segundos, le miró a los ojos, y Sanji sintió que estaba urgando dentro de su cerebro.



Chopper entró- Bueno, ¡ya está!



- ¿Dónde estaba?



- En nuestro camarote.



Law sonrió maquiavélicamente - ¿Estaba sólo? Ah.. estaría durmiendo, ¿no?



- Sí, pero no me dio nada de miedo despertarle.



- No lo pongo en duda, doctor – respondió el ojigris con una amplia sonrisa.



- ¿Doctor, cómo está nuestro paciente? - preguntó el reno.



- Bien, sólo es una contusión superficial, nada grave. Que se le haya quemado la comida no tiene nada que ver – rió, cosa que a Sanji le molestó.



- Bien, en ese caso, puedes irte – respondió el doctor.



Sanji se levantó, e intercambió una mirada con el Shichibukai antes de salir de la habitación encendiéndose un cigarrillo. *Me arrepentiré de esto* Caminó hasta el camarote masculino, y llamó a la puerta. Nadie respondió. Decidió entrar, pensando que Zoro estaría dormido, y así fue.

El peliverde descansaba en su hamaca. Entró y cerro la puerta tras de sí con mucho cuidado para no despertarle. Había venido a hablar con él... pero quería observarle un poco antes. Fue acercándose poco a poco en silencio sin apartar la vista de él.

Sin duda, despierto era una bestia indomable, pero dormido estaba indefenso, era relativamente frágil.

El cocinero se quedó de pie junto a él. *No sientes nada por él, y lo sabes. Vamos, sólo piénsalo, es ridículo*. Zoro se movió un poco. *¿Lo es?* extendió la mano para acariciar su nuca, pero en ese momento Zoro se despertó y Sanji se apartó de un salto, retrocediendo un par de metros.



Zoro, aún adormilado se incorporó – Cejas de sushi... - frunció el ceño - ¿qué... - se sentó - ...haces aquí? Trafagar llegará de un momento a otro, tiene que hablar conmigo sobre algo.



- No, no va a venir, he venido yo... - Zoro parecía confundido ante las palabras del rubio – ...es complicado.



- Bien, entonces, ¿qué quieres? - preguntó el peliverde seriamente.



- Quiero disculparme... por lo de ayer, no volverá a pasar, estaba borracho... al igual que el otro día... pero aún así, sé que no va a volver a pasar, no tienes de qué preocuparte – hizo una pausa y agachó la cabeza, no quería mirarle a los ojos. *¿A eso has venido, Sanji?¿De verdad?* - cállate, estúpido cerebro... - susurró para sí.



Zoro puso mala cara - ¿Qué has dicho...?



- N-nada, hablaba conmigo mismo... - miró hacia otro lado.



- Disculpas aceptadas, lárgate y déjame dormir – Zoro volvió a tumbarse.



- ¿¿¿¡¡¡Perdona!!!??? - Sanji se envalentonó – ¡¡¡También es culpa tuya!!! Me... ¡¡Me provocas!!



Zoro se puso de pie rápidamente - ¿¡Culpa mía!?¡Yo no he hecho nada, y no vas a conseguir que me sienta culpable! - se encaró con Sanji – ¡¿estos trucos femeninos que intentas utilizar contra mí para cargarme la culpa, es lo que te ha enseñado Ivankov estos dos años?!¡¿Eso has estado haciendo?!



Sanji le dio una fuerte patada en el costado que lo tiró contra la pared que tenía detrás.



- Eres un gilipollas... - Sanji tenía la cabeza gacha y ocultaba su rostro con la sombra que proyectaba su flequillo - … ¡¿sabes lo mal que lo he pasado estos dos años?! - apretaba la mandíbula tan fuerte que pensó que iba a romperse los dientes.



Zoro se levantaba lentamente del suelo – Oh, sí, cejas diana, has sufrido mucho. Yo sólo he tenido que luchar contra miles de criaturas día a día, con consecuencias más que visibles – dijo señalando la cicatriz que le cruzaba el ojo - mientras tú te has dedicado a corretear entre travestis por la playa. Llevar vestido debe ser incómodo, ¿cierto? Además, allí no había mujeres de verdad... supongo que te masturbaste hasta el sangrado pensando en Nami y el resto de mujeres del universo – Zoro estaba siendo un poco cruel, pero necesitaba serlo. *Sólo por ésta vez, no puedo permitir que mis sentimientos por él le hagan ganar terreno, no va a jugar más conmigo. Me retiro de este juego*.

Sanji no aguantó más, y se le escapó una lágrima que no pasó desapercibida para el espadachín.



- Oi.. - Zoro se sintió mal. *Tampoco he sido tan duro... ¿no?...* - Joder, Sanji... - susurró miró hacia otro lado.



- ¡Cállate! - le espetó el cocinero con rabia.



Zoro se quedó paralizado, pero reaccionó - ¡¿Cómo que “¡cállate!”?! - se acercó a él un par de pasos.



- Estos dos años he estado huyendo de travestis grimosos, haciendo asimilar a Ivankov que pertenecía a esta tripulación, entrenándome muy duro para poder protegeros... *¡Para poder protegerte a ti en caso de que algo saliera mal!* pensó, pero no lo dijo.



En la habitación reinaba un incómodo silencio, que Sanji se apresuró a romper - ¿... qué es lo que quieres de mí, Zoro... ?



*Me ha llamado Zoro... no marimo... * - Eso debería preguntártelo yo a ti, Kuroashi - respondió rompiendo el acercamiento que había iniciado el cocinero al llamarle directamente por su nombre.



Sanji le miró esperando una respuesta. Y Zoro suspiró levemente.



- Ayer te lo dejé claro. Sabes que yo sí siento algo por ti, pero no soy imbécil, no me usarás – respondió. Sanji permanecía en silencio – Tengo una última pregunta antes de que me vaya a dormir a otra parte, porque ya es imposible que concilie el sueño aquí – Sanji levantó la mirada, y esperó la pregunta - ¿Sientes algo por mí?



*Sí. Dí que sí. No, espera, ¿qué estás diciendo? La verdad. ¡¿En qué estás pensando?! ¡Es un hombre! ¿Y? Que a ti no te gustan los hombres. No, es verdad. Creo. ¿Crees? Pero... ¿Pero? * Miles de pensamientos cruzaban la mente de Sanji, era incapaz de contestar.



Zoro era paciente, pero ésto era ridículo. Si no lo tenía claro, es que no sentía nada, caminó hacia la puerta, pero antes, se paró delante de él y dijo – Supongo que la respuesta es no – Zoro salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí con fuerza. Podía haber roto el marco de la puerta si hubiera querido.

Sanji seguía paralizado, allí, de pie, con la mirada perdida. *Bueno, todo ha vuelto a la normalidad. Te has librado del engorro del marimo. Te gustan las mujeres, recuérdalo, no los peliverdes de escasos modales* sonrió, pero fue la sonrisa que más le dolió de toda su vida. *¿A quién quiero engañar...?* la sonrisa desapareció *Yo quiero a ese idiota* y por primera vez en mucho tiempo, lloró.



Zoro salió a cubierta, saludó a los que estaban allí y subió a la torre a echarse en el sofá.

Se tumbó y cerró los ojos. *Voy a olvidarme de Sanji... * suspiró * Sabes que no puedes... * y se quedó dormido.



Después de unos minutos, Sanji se secó las lágrimas con las mangas del traje, se miró al espejo para asegurarse de que no se le notara, y salió. Fue a la cocina, puso la lavadora y se sentó a la mesa. Pensó en lo que había pasado, una y otra vez, imaginando diferentes respuestas, con diferentes finales, cada uno más feliz que el anterior. Eso podría haber sido suyo si sólo hubiera pronunciado la respuesta correcta. *Sanji, ¿eres hetero? Siempre me han gustado las mujeres. Esa no es una respuesta, estoy preguntándote si eres heterosexual, la respuesta es sí o no. La respuesta puede ser la que yo quiera que sea, estúpido cerebro. Sanji, estás hablando contigo mismo. Has perdido el norte.* se golpeó con la palma en la frente *Perder... el norte... todo me recuerda a Zoro*.





Llegó la hora de comer. Ésta vez había decidido hacer una sopa, por variar de vez en cuando. Todos fueron tomando asiendo conforme iban llegando. Luffy se sentó en “su sitio”, desde el cual veía a todos, y el resto fueron tomando asiento en sitios al azar. Sanji decidió escoger uno de los sitios más apartados del capitán, de forma que no viera las heridas de su cara. No quería que le hicieran preguntas. Cuando Zoro entró, Sanji ni siquiera levantó la cabeza, sólo le miraba por el rabillo del ojo. Zoro era un simple borrón verdoso. *Eso es, piensa en él como eso a partir de ahora*

En último lugar, llegaron Chopper, que se sentó junto a Robin, y Law, que aceptó la petición de Luffy de sentarse a su lado; no sin antes dedicarle una mirada a Sanji en busca de respuestas. El rubio esperaba que su expresión fuera suficiente respuesta, y por lo visto así fue.

El cocinero comía sin levantar la cabeza del plato. Cubría la zona de su cara que estaba herida con su pelo, que se lo había peinado hacia un lado. Estaba rarísimo, pero nadie se paró a mirarle.

Nami comía mientras charlaba con Usopp y Brook. Y Zoro estaba muy serio, comía, pero parecía estar en otro planeta.

De repente, Robin hizo sonar su copa con un tenedor, carraspeó, y les comunicó que Franky y ella habían empezado una relación seria.



Nami escupió la sopa - ¿¡En-En serio!? ¡Estupendo! ¡Franky, ya era hora, ¿eh?!



Durante unos minutos, todo fueron preguntas indiscretas hacia la feliz pareja. Sanji no quería que notaran su estado, así que optó por imitar al resto y preguntar cosas. Zoro, hizo lo mismo, pero no intercambió palabra alguna con el cocinero.



- Bueno, entonces esto quiere decir que cuando acabemos el viaje... - Nami daba vueltas a la sopa con la cuchara - ¡¿tendréis niños?! - se entusiasmó.



- Supongo que sí, Nami-san – respondió Robin con una risita.



*Cuando acabe el viaje... ¿Qué haré cuando lleguemos a nuestro destino? Me gustaría poner un restaurante marítimo en el All Blue... * sonrió, pero su sonrisa desapareció cuando recordó a Zoro *Y él... ¿Qué hará él? ¿Y si no vuelvo a verle... ?* se quedó sin aliento sólo de pensarlo.



- Seré una gran tía... la tía Nami – comentó muy segura de sí misma – pero no de las que dan dinero, de las otras, de las que dan amor – esto último hizo reír a todos, menos a Sanji, pero su silencio pasó desapercibido entre tanto alboroto por la gran noticia.



Zoro le miraba, sumido en sus pensamientos al igual que el cocinero.



Robin se giró hacia Franky, que la tenía agarrada de la cintura, y le dio un suave beso.

Luffy preguntaba por el beso, parecía no saber lo que significaba. *Qué infantil e ignorante, y qué feliz... a veces me gustaría ser Luffy*

Unos segundos después, se fijó en que Law y Luffy ya no estaban. *Éstos acaban de comer y se largan...* se levantó y recogió su plato y el de sus nakamas *Ni un gracias por la comida, ni hostias... En fin*



Una vez hubieron acabado de comer los demás, todos salieron del comedor y se dirigieron a cubierta. Excepto Sanji, que se quedó a lavar los platos. Cuando terminó, se sentó a la mesa y descansó un rato. Se quedó dormido sobre la mesa sin darse cuenta, estaba agotado, no había dormido la noche pasada, y con tanto lío había olvidado dormir. Cuando salió a cubierta, ya eran las 8 y estaba anocheciendo, pero aún perduraba el atardecer.

Se encendió dos cigarrillos a la vez y se apoyó a mirar la puesta de sol.

Robin salió del pasillo, lo vio allí solo, y se acercó a él.



- ¿Dos? ¿Aprendiendo de Smoker-san? - rió ella.



- Supongo. A ver si con suerte me da un cáncer y me muero.



Robin le golpeó con una de sus manos falsas en la nuca, haciendo que escupiera al mar los dos cigarrillos - ¡No digas eso ni en broma!



- Lo siento, Robin-chwan.



- ¿Qué ha pasado para que estés así? - dijo en tono maternal, como una madre que le pregunta a su hijo quién se mete con él en el colegio.



Él no la miraba, sólo miraba la inmensidad del mar – Nada...



- ¡Sanji-kun!¡Dímelo ahora mismo! - parecía enfadada. Definitivamente parecía su madre.



Sanji la miró, sabía que podía confiar en ella. Le contó todo lo sucedido. Y ella fue muy comprensiva, es más, su rostro se fue dulcificando, conforme avanzaba la historia, incluso cuando el final era tan... dramático. Quizás por eso le parecía bonito, siempre fue una mujer muy siniestra. Adoraba comentar cosas terribles y/o desagradables en momentos de alta tensión, suspense o peligro.



- ¿Y qué vas a hacer? - preguntó la arqueóloga finalmente.



- No lo sé...



- Pero tú le quieres.



- Supongo...



- No supones, lo sabes, no te hagas el duro conmigo.



- Vale, sí – se sonrojó.



- Entonces ve a hablar con él – sonrió.



- No sé ni dónde está.



- ¡Pues búscale! - ésto último impactó a Sanji – ¡Si le necesitas, búscale, si le quieres, demuéstraselo! ¡Lucha! - Sanji estaba muy impactado, la niña demonio tenía agallas, más que él en ésta ocasión.



- Tienes razón, ¡voy a buscarle! - Sanji se alejó de la barandilla, iba a buscar al marimo, a acabar con ésa farsa de una vez por todas.



- Yo me encargo de distraer al personal... - Robin le miraba desde la barandilla con una pícara sonrisa.



- ¿Para... qué... ? - no se enteraba de nada.



- Si ésto acaba tan bien como pinta... lo mejor es que no haya nadie cerca... - y rió levemente. El cocinero se sonrojó completamente, y maldijo a la morena para sus adentros mientras se alejaba de la cubierta.



Buscó en la enfermería, en el baño, en el camarote de los chicos, preguntó a sus nakamas, y nadie se había fijado en dónde se había metido, pero por descarte, pensó que estaría en su torre. Sanji se paró frente a ella. Miró al rededor pero no había nadie cerca, *Robin es un fenómeno de masas, ¿dónde se habrán metido todos?* miró de nuevo hacia la alta torre *Concéntrate* Subió lo más rápido que pudo, dado que pensaba que se iba a morir de un momento a otro, su corazón bombeaba tan rápido que parecía que iba a explotar.

Se paró frente a la puerta de madera. *Ésto es surrealista. Yo, Kuroashi no Sanji, antiguo amante incondicional de la figura femenina en su totalidad, yendo detrás de un hombre... y no cualquier hombre, un cabeza de kiwi, una alga, un mastodonte sin modales, ni sentido de la orientación, ni vergüenza, y con serios problemas con la bebida... ¡Todo son ventajas!* rió para sí con nerviosismo. Abrió la puerta lentamente. Zoro estaba tumbado dormitando, “para variar”.



Sanji no dudó, pese a su terrible taquicardia – Marimo – dijo firmemente en un tono de voz que sacó al espadachín de los brazos de Morfeo.



Éste se sobresaltó un poco, pero fingió que no – Ero-cook – no le esperaba. El duelo de miradas serias y fulminantes había comenzado, no sabían quién ganaría, cuál era la finalidad o cuál era el premio, pero ambos querían ganar.



Sanji se acercó unos pasos hacia él, quedando a dos metros, aproximadamente, de distancia – Lo siento.



Zoro tragó saliva - ¿Qué sientes? - su expresión era inquebrantable.



- Esto... - hizo uso de todo el valor que consiguió recoger de sus entrañas - He tratado de convencerme a mi mismo durante mucho tiempo de que no significabas nada en ése sentido para mí, pero no hay manera. He alimentado un cerebro mentiroso por el miedo a equivocarme – sonaba muy seguro de sí mismo, muy serio.



El espadachín estaba atónito.



- Si es necesario, si es lo que quieres, lo gritaré por todo el Sunny. Moriré de vergüenza, y Luffy se reirá de mi. -*Que Luffy se riese de mi sería bastante triste*- ¿Entiendes? - Sanji estaba abriendo su corazón.



- Todavía hay algo que no has dicho... y es lo único que te he pedido – caminó hacia él hasta cerrar la distancia que había entre los dos. Únicamente les separaban unos 30 o 40 cm – No tienes que gritar nada por ninguna parte... No necesito que los demás lo sepan... sólo necesito saberlo yo – le miró a los ojos – Así que, si es así... dilo.



El calor que irradiaba Zoro le estaba embriagando. Ni siquiera se había tocado pero podía notar que su cuerpo ya no le pertenecía. Zoro imponía mucho. - Te quiero – respondió el rubio, y se sonrojó. No podía creer que acabara de decir aquello con tanta seriedad y seguridad.



- Sólo necesitaba oír eso – Zoro lo empujó contra una pared, pero no lo agarró, simplemente se paró delante de él, a escasos centímetros – Ahora vamos a acabar lo que dejamos a medias el otro día – susurró.



*Maldita sea... ¿cómo puede tener éste efecto en mí?* Ni siquiera le había besado, y ya estaba excitado.

Zoro colocó sus manos en la pared, cerciorándose de que no pudiera escaparse, aunque Sanji no tuviera intención alguna.

Acercó su rostro al cuello del cocinero, y respiró sobre él, haciendo que se le pusiera la carne de gallina. Deseaba muchísimo a Sanji, pero quería deleitarse con los entremeses antes de pasar al plato fuerte. Quería ver cómo se excitaba poco a poco, y que acabara por suplicar que le tocara. Paseó su mano izquierda apenas rozando su brazo, subiendo hacia su cara. Sanji tenía el vello de los brazos de punta. Con la otra mano, comenzó a acariciar el firme trasero del cocinero.

El peliverde pensó que hacerle esperar sería divertido, pero él mismo empezaba a cansarse, quería tomarlo ya, empotrarlo contra la pared y hacer que gritara su nombre. Observó cómo la respiración de Sanji cada vez era más agitada, y éste era incapaz de mirar a los ojos a su captor. Lamió lascivamente su cuello dibujando una línea desde la clavícula hasta el lóbulo de la oreja del cocinero, y lo mordió, haciendo que dejara escapar un leve gemido que intentó callar mordiéndose el labio.

El rubio se moría por tocarle. Ya no aguantaba más, él no era una putilla, quería recuperar, al menos, un poco de control sobre la situación. Colocó su mano en la cintura del peliverde.

Zoro le miró a los ojos, a escasos milímetros de sus labios. Después miró el hematoma de su mandíbula.



- Siento ésto – susurró, mientras la acariciaba la zona amoratada.



- Me lo merecía... - respondió el rubio mirando hacia otro lado.



Zoro no pudo resistir esa expresión de arrepentimiento y le besó. Le besó con fuerza, con pasión. Sanji le correspondía de igual modo, y ambos se fundían el uno en el otro. La batalla que se había librado entre sus miradas hacía escasos minutos, se libraba ahora entre sus lenguas. Zoro acariciaba el esbelto cuerpo de Sanji. Su suave y liso cabello, su fino cuello... quería dejar sus huellas dactilares en cada centímetro del cuerpo del cocinero.

Sanji se moría por arrancarle la ropa al espadachín. Utilizó sus manos para despojar a Zoro de su abrigo y lo tiró al suelo. Le estorbaba. Comenzó a acariciar los músculos del espadachín. Cada milímetro del cuerpo del peliverde parecía tallado por un experto. Su piel no era tan áspera como parecía a simple vista, estaba curtida por el mar, el viento y el sol. Muchas cicatrices la recorrían, pero eso sólo incrementaba su masculinidad.

Desprendía una oleada de calor que lo inundaba, así que decidió que ya era hora de quitarse la chaqueta. Se la quitó, pero antes de que pudiera decir nada, Zoro le arrancó la camisa rompiendo los botones, y se quedó mirándole con una sonrisa sádica. Quería observar su reacción.

Parecía un depredador que acababa de cazar a su presa, y la retenía para su disfrute. Sanji recuperó el control de la situación y lo empotró contra la pared más cercana. Cada vez que uno empotraba al otro, las paredes sufrían, los golpes eran bastante contundentes. *Sólo espero que los golpes no se oigan fuera* pensó Zoro sonriendo de forma arrogante.

Las manos de Sanji intentaban inmovilizar los brazos de Zoro, mientras paseaba su lengua por el labio inferior del peliverde. Éste, sin previo aviso, le mordió el labio abriendo la herida que un día antes le había hecho. Y lamió la sangre, lo que excitó aún más a Sanji.

El cocinero rodeó el cuello de Zoro con sus brazos y lo aprisionó contra él mientras lo besaba sin descanso, no le importaba si se quedaba sin respiración; si tenía que morir de alguna forma quería que fuese follándose a aquel supernova.

El espadachín comenzó a acariciar el miembro de su nakama por encima del pantalón del traje, que tardó pocos segundos en ponerse tan tenso que parecía que iba a estallar la cremallera. Sanji gemía ante tal contacto. Pero el ex cazador de piratas no podía más, tenía que tomarlo ya o se volvería loco. Se desnudaron por completo el uno al otro sin dejar de mirarse.

Sanji le giró e intentó introducir su miembro en él, pero Zoro volvió a girarse como negativa y le dijo – Que te claven la espada por la espalda es una vergüenza para un espadachín – y ambos soltaron una sonora carcajada.

Zoro lo empotró contra esa misma pared, girando. Comenzó a masturbar al cocinero, quien gemía entre beso y beso. Al principio, masajeaba su virilidad con desesperante lentitud, pero fue aumentando el ritmo conforme Sanji aumentaba la velocidad de sus caderas.



- Zo... ro... aaahhh... - sus mejillas sonrosadas no mentían, aquello le estaba gustando, y mucho.



- ¿Sabes... cuánto tiempo llevo deseando hacer esto... ? - susurró Zoro en su oído, y después le mordió el cuello – Quiero darte tan duro que no puedas sentarte en días... - Sanji jadeaba excitado – Quiero que grites mi nombre... Quiero que cada vez que mires tu cuerpo desnudo recuerdes que me pertenece... - Sanji iba a correrse de un momento a otro.



- Me... corro... Zoro... aaaahh... - Sanji llegó al orgasmo y abrazó a su nakama. Aún sintiendo los últimos coletazos provocados por el éxtasis mordió su clavícula. Después, lo colocó contra la pared; se agachó y comenzó a besar y lamer el interior de sus muslos. Con una mano masajeaba sus testículos, y con la otra se masturbaba a sí mismo.

Comenzó a lamer el henchido miembro de su compañero de arriba a abajo y enroscando la lengua a su alrededor, mientras Zoro jadeaba y le acariciaba el cabello. Se paró a mirar como Zoro gemía de placer mientras dibujaba círculos sobre el glande, y apretó la lengua en el centro.



- Joder, Sanji... - Zoro estaba sonrojado. Su miembro era enorme, pero Sanji iba a hacer todo lo posible por satisfacerlo. Lo introdujo en su boca hasta el fondo, consiguiendo arrancar un sonoro gemido a Zoro, quien arqueó la espalda contra la pared, y también a sí mismo. Subía y bajaba siguiendo el ritmo que el peliverde le pedía. Mientras tanto, Sanji masajeaba su propio miembro. No había estado tan excitado nunca, NUNCA, con ninguna mujer. El espadachín se retorcía de placer agarrándole la dorada cabellera, y eso lo encendía aún más. Zoro llegó al orgasmo dejando escapar un gemido.

*Mierda* Se había corrido en la boca de Sanji *Soy un desconsiderado... *. Miró fijamente a Sanji, y vio cómo éste permanecía mirándole a los ojos, con la punta de su miembro aún encima de la lengua, mientras Zoro se derramaba en él. Sanji se lo tragó sin dejar de mirarle. Esa visión era demasiado erótica para Zoro, estaba tan cachondo que pensó que le iba a estallar el pene, el cerebro y todos los órganos del cuerpo.

*No puedo creerme que acabe de hacer ésto... * pensó Sanji intentando recuperar la lucidez * … y me ha gustado*

El peliverde le levantó y lo empotró contra la pared, dejándolo de espaldas a él. Usó el semen del cocinero como lubricante, y después de acariciar repetidas veces la entrada del rubio, e introdujo un dedo dentro. *Lo que hiciste en el baño... no será nada en comparación con ésto, dalo por hecho* se dijo Sanji así mismo.

Zoro fue introduciendo dedos, hasta que su nakama estuvo lo bastante dilatado. Y después, introdujo su miembro, tocando el punto G de Sanji desde la primera estocada. Sanji gemía de dolor y de placer *¡Joder! ¡No pensé que dolería tanto! ¡Tiene un jodido leviatán por pene!*. Al mismo tiempo, el espadachín masturbaba el miembro del rubio, que no podía jadear más deprisa.

Al cabo de un par estocadas, el dolor desapareció y el rubio gemía de placer, cada vez más alto.



- Si sigues así, no sólo voy a correrme ya, sino que nos van a oír hasta en Raftel – susurró en su oído el espadachín, acompañado de una leve risa, y después mordió su oreja.



Sanji no podía evitar gemir, eso era demasiado para él. Había follado con mujeres, pero ésto era distinto; no sólo porque estuviera enamorado de Zoro, *Sí, estúpido cerebro, ¿ahora lo reconoces?*, sino porque estaba sintiendo más placer que con ninguna de ellas. *Creo que ya no me gustan las mujeres* pensó Sanji riendo para sí *No creo que ninguna pueda superar a esta bestia parda*.

Extendió su brazo hacia atrás y agarró a Zoro del pelo de la nuca, mientras éste besaba su cuello con lujuría.

Las embestidas cada vez eran más rápidas, y ambos sentían que no tardarían en venirse. Zoro giró la cara de Sanji y le arrebató un beso apasionado, necesitaba sentirlo en todos los aspectos.

El constante vaivén de caderas, hizo que se corrieran cada uno gritando el nombre del otro, y quedaran completamente agotados. Sin mencionar que Sanji llevaba ya bastantes horas sin dormir (en condiciones).

El rubio cayó desplomado al suelo, jadeante e incapaz de levantarse, cosa que hizo reír a Zoro. Éste le cogió en brazos y lo tumbó en el amplio sofá. Después, colocó otro de los sofás pegado al de Sanji para formar una “cama”, recogió su abrigo verde y se tumbó junto a él tapándolos a ambos con él.

Zoro colocó su brazo por encima del hombro de Sanji, para que le sirviera de almohada.



El rubio le abrazó por la cintura – No... puedo... más... - cerró los ojos, aún jadeante.



- Lo sé – rió el peliverde con arrogancia.



- Si... tu intención era... dejarme seco... felicidades... - besó la cicatriz que cruzaba el pecho de Zoro - Misión cumplida... has cazado un pirata... como en tus viejos tiempos... – rió el cocinero entre jadeos.



- No, ahora es mejor – le miró a los ojos y le besó en la frente - duérmete – le besó suavemente en los labios.



- Oído cocina... - susurró el rubio antes de quedarse profundamente dormido.



Al cabo de media hora, ya era de noche, y Zoro se levantó con cuidado para no despertar a Sanji y se vistió, pero le dejó el abrigo para que durmiera a gusto.

Salió de allí cerrando la puerta, y con una sonrisa de triunfo. Y bajó por la escalerilla de madera.

Llegó abajo, y se dio la vuelta cuando... - ¡¡¡Ah!!! - Chopper le había asustado - ¡Joder, Chopper, deja de aparecer de la nada!



- Perdón – respondió el renito con su cara adorable – ¿sabes dónde está Sanji? Es la hora de cenar, y nadie le ha visto desde hace un rato...



*Oh oh...* - Hmm... está durmiendo



- No, he estado en el camarote pero no está allí – Chopper continuaba mostrando esa inocente sonrisa.



*OH... OH... * - ¿Dónde... no has mirado? - respondió nervioso.



- ¡En la torre!



- Entonces tiene sentido, porque está allí... ¡durmiendo! - respiró aliviado, se le había ocurrido algo – ya sabes, se quedó ayer haciendo guardia y estaba cansado. Además, no podía conciliar el sueño en el camarote así que me pidió permiso para dormir ahí.



- Oh, qué buena persona, Zoro – sonrieron ambos - ¿Y qué hacías tú allí?



*Ññgjm.. Mierda* - Hmm... Sanji... Sanji me dijo que nadie le molestara, yo me encargaré de la cena hoy... - *No sabes cocinar... Bueno, tortillas francesas sí... más bien muñones de huevo... pues haré muñones de huevo.. ¡y diré que es un revuelto, una receta de familia o algo!... Zoro, eres brillante. Lo sé. *



- ¿Tú? ¡Wow, no sabía que sabías cocinar! - Chopper parecía entusiasmado.



- Esto... sí, bueno, alguna cosilla... - Zoro intentaba no mirar a Chopper, la mirada inocente y esperanzadora de un niño duele cuando le mientes.



Aquella noche, la cena no fue muy allá, pero habiendo cocinado Zoro... era de esperar.

Aunque todos comprendieron la situación y no se quejaron.

A mitad de la comida, Zoro se dio cuenta de que Robin le miraba con una sonrisilla pícara y siniestra, y se le puso la carne de gallina. Ésta, dijo algo en voz tan baja que sólo pudo entenderlo leyéndola los labios. “¿Os habéis cansado mucho, espadachín-san?” Zoro se sonrojó y trató de ocultarlo. *Lo sabe*. Robin al ver su expresión comenzó a reír.

Law comía desprisa y con cara de preocupación.



- Oi, Trafagar, te vas a atragantar.



Éste se detuvo y le miró. Su expresión preocupada desapareció durante unos segundos, al ver la sonrisa triunfal involuntaria de Zoro por haber tenido un sexo tan satisfactorio, y le sonrió curiosa y lascivamente, tal y como había hecho Robin, y después siguió comiendo. *¿¡Es que lo sabe todo el puto barco!?*

De repente, Sanji apareció por la puerta, medio dormido, frotándose los ojos.



- Lo siento mucho, chicos, ahora mismo hago la cena... Joder que sed... - se acercó al fregadero y se sirvió un vaso de agua.



- No hace falta, ya la ha hecho Zoro – respondió Nami.



Sanji se giró atónito escupiendo el sorbo de agua - ¿Q-Qué...?



- ¡Luego me dices que no escupa en tu cocina! - gritó Usopp desde el fondo.



- Como estabas durmiendo, Zoro ha hecho huevos revueltos para todos – comentó Brook.



- ¡Está rico! - dijo Chopper.



- ¡Sanji, si no te gusta, me lo das, ¿no?! - gritó Luffy desde su sitio.



Sanji se sentó y comió, mirando al peliverde que estaba justo en frente de él y le sonreía.



- No está mal, marimo... no está nada mal... - dijo en voz baja de modo que sólo él pudiera oírle, y le sonrió con picardía.



Terminaron de cenar y todos se fueron a sus respectivas habitaciones, salvo Sanji y Zoro que iban a “fregar los platos”, y Chopper, que le tocaba hacer guardia.

El dúo dinámico trabajaba rápido, uno lavaba y el otro secaba y colocaba. No tardaron más de 15 minutos en terminar.

Sanji se dirigió hacia la puerta para salir de la habitación, cuando el peliverde le interrumpió – Oi, ero-cook.



- Dime, marimo – se giró hacia él.



- ¿Qué vamos a hacer con ésto?



- No lo sé... ¿qué quieres que hagamos? ¿Se lo contamos?



- ¿Crees que sería un shock demasiado grande?



El cocinero rió – Probablemente.



- Bueno, siempre podemos guardarlo como nuestro... “pequeño secreto” - se acercó a él.



- El miedo de que puedan pillarte... da morbo – respondió el rubio.



- Y si nos pillan... - Zoro comenzó la frase.



- … pues nos han pillado, y se lo contaremos – y Sanji la terminó. Zoro parecía conforme.



Zoro abrió la puerta de la cocina y le besó, con los rayos lunares bañándolos.





Día 3: Perspectiva de Law y Luffy:



Unos suaves toques en la puerta despertaron a Law. *¡¡¡No puede ser!!!¡¡¡Acaba de empezar el día y ya está provocándome!!!¡¡¡Lo mataré!!!!* Law se levantó de un salto y abrió la puerta con intención de pegar a Luffy.



- ¡¡¡¡Ahhhh!!!! - Chopper dio un brinco



*Ups* - Oh, perdone, doctor... pensé que era otra persona. ¿Necesita de mis servicios?



- No especialmente, pero me gustaría seguir aprendiendo de usted, y que me aconsejara con mis investigaciones, si no está ocupado.



Law suavizó el rostro y fue tranquilizándose – Cuántos formalismos, doctor... no me llame de usted.



- Tú me llamas de usted – respondió Chopper confundido.



- Hm, cierto – rió – bueno, es la costumbre... es doctor, es por puro respeto.



- No pienses que me haces feliz halagándome, cabrón – Chopper se sonrojó.



Trafagar se puso su abrigo y le acompañó. Cuando llegaron, Chopper dejó su gorro sobre la mesa, al igual que Law.



- Sanji vendrá dentro de poco, tengo que echarle un vistazo.



- ¿Está enfermo?



- No lo sé, es posible... tenía un fuerte golpe en la mandíbula y el labio roto... dice que se golpeó con una puerta... está algo distraído... y ¡se le ha quemado el desayuno hoy!¡Algo tiene que pasarle!



- Comprendo... - respondió el Shichibukai mientras se recostaba en una de las camillas con las manos bajo la nuca. * Una pelea sin duda... ¿Con quién puede haberse peleado Kuroashi... ?* sonrió levemente * Roronoa... pero nunca llegan a golpearse... ¿qué habrá pasado? Tss... empiezo a actuar como uno de los Mugiwaras, soy un cotilla*.



Al cabo de unos minutos, Sanji entró.



- Ven por aquí, Sanji, siéntate al borde de la camilla – Chopper le guió, mientras Trafagar le seguía con la mirada en silencio *Esto será interesante*.



Sanji se sentó, y Chopper fue a coger su instrumental médico.



- Doctor – interrumpió Law – ¿Podría ir y decirle a Roronoa que después me gustaría hablar con él? Yo me encargaré de examinar a Sanji, no se preocupe.



- Mmm, ¿seguro? Yo soy el médico de la tripulación...



- Chopper, está bien, estoy seguro de que Trafagar-san es un buen médico... - comentó Sanji mirando seriamente al cirujano.



- Está bien, ¡no tardaré! - salió corriendo de la enfermería.



Law comenzó a examinar el hematoma de la mandíbula de Sanji, y a continuación su labio roto *Como si hiciese falta ser médico para ver que esto no lo ha hecho una puerta...* - ¿Qué te ha pasado? - preguntó inocentemente.



- Me golpeé con una puerta durante la guardia, ya sabes, estaba oscuro.



- Bien, ahora cuéntame rápida y resumidamente la verdad, porque ambos sabemos que eso es mentira y no tenemos mucho tiempo – hizo una pausa. Estaba serio, como siempre. Su expresión era autoritaria, dominante y fría, como siempre. Esa era su fachada. - Kuroashi... - suspiró – soy médico, sé que ésto ha sido causado por un puñetazo – intentó parecer profesional - y ha sido fuerte, pero no todo lo fuerte que podía haber sido... se podría decir que fue con cuidado... Sólo sé de una persona en éste barco con esa fuerza, y que podría haber encontrado motivo para golpearte. Así que, o me cuentas por qué Zoro te ha golpeado, o se lo diré a Chopper, quien por cierto, ya sospecha que te pasa algo – acabó la frase con una sonrisa malévola.



- ¿Por qué haces ésto?



El supernova se arrepintió de estar comportándose como un cotilla. Además, no había tiempo para cotillear - Está bien, no hay tiempo para charlar. Cuando vuelva Chopper, nos dirá dónde está Roronoa, es opción tuya o no, ir en mi lugar a hablar con él.



- ¿Le has dicho a Chopper que vaya a decirle que tú quieres hablar con él para que yo vaya a hablar con él? Es muy enrevesado...



- Roronoa lleva ausente y pensativo desde que me dijo que iba a entrenarte. Y ayer después de vuestra sesión intensiva, estuvo esquivo. No me importa en absoluto lo que haya entre vosotros, pero hoy me siento generoso... y curioso – sonrió de nuevo – así que pretendo echarte un cable, tú decides si agarrarlo o no – durante un par de segundos, le miró a los ojos, y Sanji parecía intimidado.



Chopper entró- Bueno, ¡ya está!



- ¿Dónde estaba? - preguntó el cirujano.



- En nuestro camarote.



Law sonrió con astucia - ¿Estaba sólo? Ah.. estaría durmiendo, ¿no?



- Sí, pero no me dio nada de miedo despertarle.



- No lo pongo en duda, doctor – respondió el ojigris con una sonrisa. *Soy astuto, sí*



- ¿Doctor, cómo está nuestro paciente? - preguntó el reno.



- Bien, sólo es una contusión superficial, nada grave. Que se le haya quemado la comida no tiene nada que ver – rió. Sanji parecía molesto.



- Bien, en ese caso, puedes irte – respondió el doctor.



Sanji se levantó, e intercambió una mirada con el Shichibukai antes de salir de la habitación encendiéndose un cigarrillo.

*No tendría por qué ayudarle... pero desde que conocí a los sombrero de paja noté que entre el espadachín y el cocinero había algo más que piques y burlas... Es como si... Luffy estuviera haciendo aflorar una miguita de bondad en mí... Y NO ME GUSTA* pero rió incapaz de mantener su expresión seria, Luffy estaba acabando con él. Estaba destrozando su fachada como si de un muro se tratase.



- Doctor-san, voy a ir a la cocina a servirme un café, no tengo hambre, pero debería llenar mi estómago con algo caliente al menos.



- Oh, ¡por supuesto! No voy a moverme de aquí, tengo cosas que hacer – hizo una pausa - ¿¡No tenías que hablar con Zoro!?



- Ah.... - *es verdad, lo había olvidado... bueno, sólo tengo que tardar un poco más, será suficiente para que se lo crea* - Es verdad, pasaré a charlar con Roronoa-kun, pero no tardaré – terminó diciendo. Chopper le hizo un gesto indicando que no se preocupara. Se dirigió a la cocina. Pasó por el camarote de los chicos, y los vio discutiendo por el ojo de buey de la puerta. *Vaya... no parece que haya salido bien... * siguió su camino, rezando por no encontrarse con Luffy. Cuando llegó a cubierta, observó que allí estaban todos los Mugiwara, así que Luffy estaría por allí rondando. *Law, no te pares, sigue caminando, sin detenerte... no les mires a los ojos. Huelen el miedo.* rió ante aquel pensamiento. Últimamente no hacía más que pensar tonterías. Estar cerca de esa gente lo estaba trastocando, pero no se quejaba en el fondo, no demasiado al menos. Le venía bien un cambio de aires. “Diversión”. Luffy siempre se estaba divirtiendo, ya podía caerse al mar y estar a punto de morir ahogado, que cuando le sacaran seguiría con la misma sonrisilla de siempre. *Típico de Mugiwara... *. Le hacía sentirse extraño pensar en él. Se sirvió un café cuando llegó a la cocina y se apoyó sobre la encimera mientras soplaba sobre la superficie del café, que humeaba de lo caliente que estaba.

Sin previo aviso, Luffy entró en la cocina - ¡Hola, Torao!



Law se sobresaltó un poco – Buenos días, Mugiwara-ya – respondió intentando mostrar aparente calma, aquella que le caracterizaba.



- ¿Bebes café? Puaj – hizo un gesto de desagrado – está malo. Robin me dejó probarlo una vez, pero estaba malo y lo escupí. ¿Cómo es que te gusta a ti? - preguntaba curioso el muchacho.



- No es que me guste, tampoco me disgusta... es que me es útil para despertarme o mantenerme despierto. Además tiene un sabor fuerte e intenso...



- ¿Y eso te gusta?



Law se sonrojó un poco y se quedó mirandole, *lo ha dicho con total inocencia... no debería pensar mal... después de todo lo he dicho yo pero... *.



- Eo, ¡Torao! ¡Que estás empanao! ¿Te gusta que sea fuerte e intenso? ¿Te gusta el sabor? - repetía Mugiwara, sin saber la clase de cosas que estaban pasando en ese instante por la mente del Shichibukai.



- S-sí, supongo que sí... me... me gusta



- Ya veo – contestó Luffy con su sonrisa de siempre – pues a mi me da mucho asco – respondió sin quitar la sonrisa. Law rió suavemente.



La conversación no iba tan mal como Law hubiera esperado. Le daba motivos para sonrojarse, pero no por culpa del pobre capitán, sino suya. *Ahora se me está pegando la faceta pervertida de Kuroashi, estupendo* sonrió sarcásticamente sin que Luffy se diera cuenta.



Cuando se terminó el café - Ha sido una agradable charla, Mugiwara-ya... - tampoco quería alargar las cosas, había tenido suerte, todo había ido bien, no quería tentar a la suerte ni abusar de la poca que le acompañaba – ...pero tengo que volver con Chopper-san, me está esperando.

Justo antes de que saliera por la puerta, Luffy le agarró de la muñeca desde atrás, en silencio, e hizo sentir un escalofrío al supernova.



- ¿Que... Qué pasa, Mugiwara-ya... ? - alcanzó a susurrar con un hilo de voz. *No me jodas, había ido bien... ¿¡Ahora qué!?*



Con un tono muy serio, el capitán respondió – Torao... sé mi nakama.



Trafagar notó una extraña sensación. No era capaz de girarse a mirarlo, no podía. *Sal de aquí. AHORA*. Inesperadamente, Luffy le soltó la mano, momento que aprovechó Law para salir de allí con paso rápido. Nada más salir, se encontró con Roronoa, quien le saludó junto al resto de la tripulación, y se dirigió hacia la torre. Estaba demasiado serio, parecía enfadado, aunque intentara ocultarlo bajo esa máscara de frialdad y reservas hacia todo el mundo. Él sabía lo que era eso, él también hacía uso de esa táctica. Le era útil para poder pasar por encima de cualquier con tal de llegar a su objetivo; como si el resto de cosas y personas no importaran. Pero algo había cambiado ahora, Mugiwara le había roto los esquemas. Todo por culpa de su ingenua confianza, inocente sonrisa y amabilidad. Luffy sabía lo que era la maldad, la había visto en Marine Ford cuando asesinaron a su hermano Ace, la había visto en muchísimas otras ocasiones seguramente, pero era incapaz de practicarla... y eso le conmovía. Monkey D. Luffy era un pirata que no se comportaba como un pirata. No mataba, no hacía cosas malas, no robaba (si no era influenciado astutamente por la navegante)... Volvió hacia la enfermería sin mirar atrás, no quería encontrarse con Luffy, al menos no hasta que fuera la hora de comer, durante la cual era inevitable verlo.

Al pasar de nuevo por el camarote de los chicos, miró por el ojo de buey de la puerta de nuevo. *¿Kuroashi.... está.... llorando? Joder, pues sí que ha debido ir mal... Bueno, no voy a meterme más en sus asuntos, ya la he debido de cagar bastante... *. Volvió finalmente a la enfermería, y se tumbó en una camilla.

Chopper y él, pasaron la mañana charlando. *Éste es uno de los pocos miembros de los Mugiwara con los que puedo mantener una conversación normal y amistosa, y sin embargo es también uno de los más extraños* rió para sí.





Llegó la hora de comer, y Chopper y Law se dirigieron a la cocina. Fueron los últimos en llegar, pero nadie les había esperado. En ese barco, modales en la mesa no había, desde luego, pero ya estaba acostumbrado. A la hora de tomar asiento, Chopper se sentó junto a Robin.

Law iba a tomar asiento cerca de Usopp, pero el capitán se le adelantó.



- ¡Torao! ¡Siéntate a mi lado! - gritó el ojinegro. *Supongo que no tengo más remedio... después de todo... Luffy nunca acepta un “no” por respuesta... *. Se sentó a su lado. Luffy no había mencionado el tema de ser nakamas, lo cual le tranquilizaba; pero al mismo tiempo, lo sacaba de sus casillas. Le ponía nervioso. *¿Por qué has ignorado su pregunta? ¿Qué iba a decirle? Pues que no, que tú ya eres un capitán. Ah, ya, claro. Ya te lo ha preguntado varias veces, y no le has dado ninguna respuesta. Lo sé, ahora cállate, intento comer.* pensaba para sí.

Sanji comía sin levantar la cabeza del plato. Cubría la zona de su cara que estaba herida con su pelo, que se lo había peinado hacia un lado. Estaba rarísimo. *¿Está intentando ocultar su cara?¿Porque ha llorado o por el golpe? Así llama más la atención, Kuroashi no Baka, debería llamarse*.

Nami comía mientras charlaba con Usopp y Brook. Y Zoro estaba muy serio, comía, pero parecía estar en otro planeta.

A mitad de la comida, Robin hizo un anuncio importante : Franky y ella eran pareja. Bombazo. *No realmente, yo ya lo veía venir* pensaba el moreno.

Durante largo rato, la conversación se centró en aquel tema, pero Law no tenía demasiada confianza con ellos, así que se abstuvo de preguntarles nada. Tenía cosas más importantes en las que pensar.



- ¡Oi, Robin! - gritó Luffy desde el otro extremo de la mesa, lo que despertó a Law de su empanamiento.



- Dime, Luffy-kun – contestó, apartándose del carpintero para mirar al capitán.



- ¿Qué es eso? - preguntó el ojinegro.



- ¿El qué?



- Eso que acabáis de hacer – respondió el ojinegro con curiosidad. *¿Qué acaban de hacer? No me he enterado* pensó el cirujano.



- Es un beso – respondió la morena con una sonrisa. A Trafagar se le tensó el cuerpo. *No te acordabas... No... no me jodas... venga... * miró a Luffy esperando que éste no reaccionara como tanto temía que lo hiciera.



- ¿Qué significa? - Luffy parecía estar muy sorprendido. *¡¡¡NO, NO, NO, NO, NO!!!* Trafagar iba a explotar de los nervios, pero por fuera mantenía su aparente calma, aunque mostraba cierta atención.

El resto de la tripulación mantenía diversas conversaciones. Apenas un par de los presentes estaban al tanto de la conversación que estaba teniendo lugar en ese mismo instante.



- Significa que le quiero, que quiero estar con él – respondió la arqueóloga. Franky se sonrojó ante ésto último.



- ¿Como yo quería a Ace? - Luffy parecía interesado en el tema. *¡Sí, eso es!¡Bien, Luffy!¡A veces me alegro de que seas tan panoli!* Law no cabía en sí de gozo.



- No, Luffy – rió la morena – esto es en un sentido romántico, no familiar o fraternal - *¡¡¡¡NOOOOOOOOOO!!!! ¡¡Me cago en Ohara!!*



Luffy miró, con los ojos muy abiertos, a Law, que no sabía dónde meterse, y “pensó” en voz alta - ¿Entonces tú..? - y de repente, y sin que pudiera terminar la frase, Law dijo “Room”, “Shambles” y ambos desaparecieron.

Al segundo, aparecieron en cuarto de Law. Luffy estaba algo mareado y cayó al suelo, no estaba acostumbrado a la teletransportación; al contrario que Trafagar, que permanecía de pie frente a él con una expresión nerviosa mal disimulada.



- ¡Torao!¡Estaba comiendo!¡Sanji va a retirar mi plato si ve que no estoy! - parecía nervioso.



*¿¡Cómo es posible que cambie de tema tan radicalmente!? Sé que lo sabe. *. Trafagar se limitaba a mirarle sin saber qué decir, esperando la pregunta, ESA pregunta. Pero Luffy parecía haber olvidado el tema, otra vez.



- ¡Torao!¡Torao!¡Torao! - repetía incesantemente dando saltos a su alrededor.



- ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! - Law no pudo conservar su tranquilidad. Luffy se cayó de repente.



- Que... ¡Que nos devuelvas al comedor...! – la expresión de Luffy había cambiado, pero no sabía interpretarla.



- ¿Por qué debería? - dijo de forma arrogante *¿Qué le pasará ahora al criajo éste? Eh, actúa con naturalidad ya que no piensa hablar del tema, piensa en una excusa. Tú tampoco quieres hablar sobre lo que pasó* - Tenemos problemas que tratar, por ejemplo, la falta de un plan claro para cuando lleguemos a Dressrosa. Has estado eludiendo tus responsabilidades como capitán desde que me subí al barco. Bueno, seguro que desde mucho antes – rió.



- ¿Es necesario que sea ahora?



- Sí... Mugiwara-ya, lo es... - *Soy un genio, he desviado la incómoda conversación hacia algo útil y necesario*



- ¡Pues no quiero! – le sacó la lengua enfadado de forma infantil y salió corriendo de la habitación.



*Bueno, mejor así. Pero... aunque era una excusa, es cierto que no tenemos plan... se me había olvidado por completo... todo por culpa de este barco. Tiene una atmósfera de despreocupación que es preocupante*. Se tumbó en su cama y se quedó mirando las olas del mar por la ventana, planeando en silencio.

En cuanto Luffy salió de la habitación de Trafagar, se dirigió corriendo hacia el camarote de los chicos. Una vez allí, se tiró a su hamaca y se quedó mirando hacia el techo durante largo rato en silencio, hasta que Robin entró por la puerta, sobresaltando al capitán.



- ¡Robin, no me asustes! - gritó incorporándose.



Ella rió – Perdón, Capitán-san – se acercó a él y se sentó en la hamaca a sus pies – parece que últimamente asusto a todo el mundo, procuraré ser menos sigilosa... - Luffy se limitó a asentir con visible timidez, y eso le pareció insólito – Luffy-kun, ¿te encuentras bien? Pensé que estarías con Trafagar-san – dijo dulcemente la morena.



- Sí... ya hemos terminado de hablar.



- ¿Sobre qué? - la curiosidad la estaba matando.



- Sobre... el plan... ya sabes, para Dressrosa, ¡Torao es muy aburrido, es mejor improvisar! - y rió.



- Comprendo... - respondió la arqueóloga. Luffy asintió y se quedó en silencio, esperando a que ella se fuera, o cambiara de tema. Pero no fue así, se limitaba a mirarle sin parpadear. Pretendía ponerle nervioso, evidentemente. Y lo consiguió, desde luego.



- ¿Qué pasa?



- Dímelo tú, capitán-san – sonrió – ¿Por qué has puesto esa cara cuando te he explicado lo del beso?



- No sabía lo que era.



- Me refiero a... después de eso – Luffy se hacía el sueco mirando hacia otro lado – Luffy... - dijo ella con impaciencia.



- ¡... Vale!¡Jolín! - Robin sonrió entusiasmada – el... el día de la fiesta, creo que Torao me besó... como tú besaste antes a Franky... - ésto hizo que Robin sonriera.



- Vaya, vaya, vaya... hahaha Así que el Shichibukai te ha echado el ojo... - ésto hizo a Luffy sonrojarse – Me parece adorable... ¿Y tú, qué sientes? – concluyó fijando su vista en los ojos del ojinegro.



- Yo... ¡yo no sé de esas cosas, Robin! - su expresión se volvió avergonzada y rabiosa, estaba completamente rojo.



- No creo que sea una mala persona, Luffy... No digo que no le gustes... - Luffy se sonrojó aún más - … pero no podemos saber si es verdad, no es uno de los nuestros – le miró con cierta tristeza - Sé que está escondiendo algo. En caso de que de verdad le gustes, no sé si lo tenía planeado, o si ha sido un imprevisto... No sabemos cuáles son sus planes, pero...



- Yo confío en Torao... Pero... Usopp... Usopp me dijo que tuviera cuidado con él... ¡que me robaría el corazón si no estaba alerta... ! - Luffy estaba visiblemente preocupado.



La morena sonrió dulcemente y le acarició el pelo – Pues... quizás ya lo ha hecho, Luffy-kun... – y rió.



- ¡De eso nada, sigo notándolo en mi pecho!¡Y no dejaré que lo haga! - Luffy se levantó y salió corriendo. Llegó a cubierta, donde se encontraban los demás y se unió a ellos, junto con Robin, que le siguió.



Al cabo de un rato, cada uno fue a ocuparse de sus asuntos. Y pasó parte de la tarde pescando con Usopp, pero no picaba ni uno.



Aproximadamente a media tarde, Robin les avisó de que iban a jugar a juegos de mesa en la cocina y se dirigieron hacia allí.



- ¡Ya estamos aquí! - dijo Robin alegremente al entrar en la cocina con Chopper en brazos. Era la última en llegar.



- ¿Y Zoro y Sanji-kun no vienen? - preguntó la navegante.



- No, estaban ocupados – rió Robin suavemente.



Usopp y Brook se miraron aterrorizados, pero Luffy miraba hacia la encimera por si veía algo que pudiera comer.

Estuvieron jugando al parchís, al Monopoli, a las cartas... diversos juegos, durante bastante tiempo.

En mitad de una partida de cartas...



- ¿No oís golpes en cubierta? - comentó Franky



- No, Franky, cariño, no es nada – respondió con “amabilidad” su nueva novia.



- ¿Seguro? Por que yo juraría que...



- ¡Franky, no te preocupes, no es nada! ha-ha... - rió Usopp con risa nerviosa – no hace falta... que vayas.



- ¡¿Veis?! ¡Acabo de oír otro! Voy a mirar qué es... - se levantó, pero Robin le agarró la mano y le miró seriamente.



Franky volvió a sentarse obedientemente, Robin le susurró algo al oído, y no volvió a mencionar el tema. De vez en cuando intercambiaba miradas de sorpresa, terror y curiosidad con Robin, y ella reía. Empezaron a oír voces lejanas... gritos quizás... y el ambiente se tensó. Usopp sudaba, Franky se ponía rojo, pero Brook y Robin parecían calmados. Chopper y Nami parecían mosqueados.



- Venga, no os pongáis así... Sólo son Zoro y Sanji peleándose entre ellos como siempre... - comentó Robin mientras observaba sus cartas.



- ¿Sólo eso? Entonces, ¿¡por qué no queríais ir a verlo!? - preguntó Nami aún desconfiada.



- ¿Para qué? Ya están muy vistos – comentó el esqueleto sin mirarla a la cara, mientras echaba una de sus cartas al centro de la mesa.



- Además, por una vez que estamos tan centrados en algo, con tanta tranquilidad... - dijo Robin.



- ¡Yo quiero ver cómo se pelean! - gritó Luffy - ¡Siempre es divertido! - rió.



Robin le miró con su mirada asesina durante una décima de segundo, suficiente para que Luffy la viera y el resto no se percatara. Un escalofrío recorrió la espalda del joven supernova.



- Pensándolo mejor... los tengo muy vistos – contestó el capitán mientras robaba una carta del montón y sonreía nervioso.



- Bueno, si sólo es eso... - respondió Chopper.



Llegó la hora de cenar, y Sanji no había aparecido por la cocina en toda la tarde. Todos comenzaron a desalojar la habitación. Luffy iba gritando que quería cenar.

Law salió de la habitación al escuchar movimiento en cubierta, y por la hora que era, que ya tocaba cenar. Había estado elucubrando un plan para cuando llegaran. Ya que no contaba con la ayuda del capitán, por lo menos él pensaría en algo. En el fondo siempre supo que la responsabilidad recaería sobre él, pero esperaba equivocarse.

Aquella noche, la cena no fue muy allá porque fue Zoro quien cocinó la cena en vez de Sanji, que estaba durmiendo. Ese gesto le hizo pensar que quizás no le había ido del todo mal al cocinero.

Law se sentó una vez más al lado de Luffy para cenar, no por que quisiera, quería estar lo más lejos posible de él en esos momentos, sino porque inconscientemente, los demás sólo dejaban libre ese hueco. Comió en tensión y deprisa, con miedo a que Luffy, demostrando una vez más su ingenuidad, dijera algo sobre el beso.



- Oi, Trafagar, te vas a atragantar – le dijo el peliverde.



Law se detuvo y le miró con picardía, como preguntándole con la mirada “qué tal había ido”. Después, vio como el primer oficial se sonrojaba y rió para sí. De repente, Sanji apareció por la puerta, medio dormido, frotándose los ojos. Pretendía ponerse a preparar la cena, ¡a buenas horas! Cuando Sanji oyó que fue Zoro quien preparó la cena, se sorprendió mucho. Vio como ambos intercambiaban miradas y sonrisitas durante la cena, pero nadie más lo vio.

*Definitivamente, debe haber ido MUY bien* pensó el cirujano con una sonrisa pícara.

Luffy cenaba bastante callado para lo que solía ser, no es que no hablara, pero se le notaba raro. Y Trafagar se sentía mal, algo culpable.



Terminaron de cenar y todos se fueron a sus respectivas habitaciones, salvo Sanji y Zoro que iban a “”fregar los platos””, y Chopper, que le tocaba hacer guardia. Cuando salieron a cubierta y se encaminaron hacia las habitaciones, Law retuvo un momento a Luffy a la salida de la cocina.



- Oi, Mugiwara-ya, ¿todo bien? - Hasta ese momento había querido evitarlo porque parecía que Luffy le buscase; pero ahora era al revés. Luffy había estado rehuyéndolo desde la comida, y Law había empezado a “buscarlo”, y ni siquiera sabía por qué. En teoría, quería distanciarse de él, dado que los sentimientos comprometían sus planes...

Luffy respondió afirmativamente haciendo un gesto con la cabeza, sonriéndole, pero esa sonrisa no era la de siempre, era como si quisiera salir corriendo en cualquier momento. Ambos caminaron hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones en silencio.

El Shichibukai no podía soportar aquella situación, *¿¡Qué demonios le pasa ahora!?*, y antes de que llegaran al camarote donde dormían los chicos todas las noches, le agarró del brazo con fuerza y lo lanzó a su cuarto, después entró él, cerrando la puerta con pestillo. Luffy se tambaleó, y se puso a la defensiva, esperando un ataque.



Law se le quedó mirando contrariado - ¿Qué haces?



- ¡Esperar tu ataque! - parecía algo furioso. *Usopp tenía razón, ¡planea quitármelo!* - ¡Pensé que éramos nakamas!



Law no entendía nada, se limitaba a mirarlo – Mugiwara, que no somos... -*No te desvíes, ¿qué es lo que ha dicho?*- ¿De qué hablas?



- ¡Me has atacado!



Law se quedó de piedra – No – contestó sin más – te he metido en mi cuarto a la fuerza, pero no era mi intención atacarte - *Law, piensa en lo que haces... ésto se está torciendo*



- ¡Mentira!¡Quieres robarme el corazón, como dijo Usopp! Robin dice que ya lo has hecho – Law se tensó - ¡pero es mentira, lo tengo aquí mismo, lo noto palpitar, y no dejaré que te lo lleves, es mío! - Law se sonrojó. Y Luffy se quedó mirándole esperando una respuesta, o un ataque, o algo. Trafalgar permanecía en silencio mirándole. *Law... ¿qué vas a hacer... ?¿En qué estás pensando...?*



El ojigris se quitó el gorro y lo tiró. *No, no puedes. Sí que puedo, tengo que hacerlo. Mírale, ¡me lo está pidiendo a gritos!*. Luffy se fijó en como caía el gorro chocando contra la pared. El cirujano se quitó el abrigo y lo tiró junto al gorro.



- ¿Q-Qué haces, Torao...? - Luffy empezaba a ponerse rojo, y éso fue más que suficiente señal para Law de que podía continuar.



Law comenzó a avanzar hacia el lentamente, y Luffy retrocedió un par de pasos.



- Has estado provocándome durante toda la travesía... aunque supongo que inconscientemente – Luffy volvió a retroceder. La voz de Law era calmada y seria – He luchado contra mis demonios internos para no hacer ésto, porque no está bien, y me traerá problemas... Pensé que si me alejaba de ti sería lo mejor, pero me impediste hacerlo persiguiéndome a todas partes. Cuando realmente he conseguido distanciarme de ti, aunque sólo hayan sido durante un par de horas, he notado un vacío terrible, y no me gusta – Luffy volvió a retroceder intentando escapar de su oponente ( no quería golpearle, aunque no sabía porqué), pero la habitación era demasiado pequeña y terminó por chocarse de espaldas con la pared – me aterra seguir sintiendo ese vacío cuando abandone éste barco para volver al mío, Luffy.



Era la primera vez que le llamaba por su nombre. Luffy tragó saliva. El Shichibukai se había parado delante de él. Sobre la cabeza de Luffy había un ojo de buey que dejaba pasar la luz de la luna, y ésta impactaba contra la figura de Law, haciéndola brillar, sumiéndolo a él en la penumbra.

Los ojos claros de Trafalgar parecían sinceros, y su pelo negro cobraba un brillo azulado.



- Torao... - Luffy no sabía que decir, pero sus mejillas hablaron por sí solas.



Law le acarició la cabellera suavemente y después su mejilla – El que me ha robado el corazón has sido tú, creo que al menos me debes un beso.



Al ver que Luffy no le apartaba o algo por el estilo, se acercó más a él sumiéndose en la oscuridad, y, sosteniéndole la cara con la mano, depositó un suave beso sobre sus labios. Luffy se sonrojó de pies a cabeza, y sin ser consciente, se puso de puntillas para continuar el beso cuando Law empezaba a retirarse. Ante ésto, el ojigris volvió a besarle, ésta vez contra la pared y con más fuerza. El beso anterior había sido una prueba, tanteaba el terreno, pero ahora, una vez confirmado que era terreno seguro, había iniciado el camino.

Ambos se abrazaron. Luffy estaba tembloroso. *Seguro que es su primer beso de verdad* pensó el Shichibukai. Trafagar quería que lo disfrutara sin miedo, le acarició la mejilla una vez más, e intensificó el beso, haciendo que el adolescente soltara un pequeño gemido involuntario.

Las manos de Law empezaban a acariciar el cuerpo del pequeño, y éste hacia lo mismo con él. El beso estaba siendo fantástico para ser una primera vez, tanto, que la hombría de Trafagar empezaba a despertar, y el pequeño capitán lo notó, haciendo que su propio miembro respondiera.

El ojigris cortó el beso y lo miró atónito. Al ver el rostro encendido de su amante, sus ojos algo entrecerrados y su expresión, que reclamaba la continuidad del beso, lo levantó del suelo y lo empotró contra la pared. Luffy se agarraba a su cuello con los brazos, y a su cintura con las piernas, notando sus dos miembros rozar bajo las vestimentas, e inevitablemente, empezó a jadear. Nunca había sentido un placer así; comer era una cosa, pero éso...

Los jadeos del pequeño supernova encendían cada vez más al cirujano, que lo abrazaba y paseaba sus manos por debajo del chaleco de su amante. Cortó suavemente el beso para centrarse en su cuello y empezó a besarlo, morderlo y a lamerlo, haciendo gemir al pequeño. Se deshizo de su chaleco y comenzó a depositar besos sobre su torso. Cuando llegó a sus pezones, se entretuvo un rato mordisqueándolos y succionándolos, arrancando gemidos al joven capitán.



- ¿Te gusta,... Migiwara-ya? - preguntó el ojigris susurrando en su oído.



- Sí... - jadeó.



- Si en algún momento quieres que pare, dímelo, ¿vale?



Luffy asintió con la cabeza, y atrajo la cara del apuesto supernova hacia sí para besarle. El pequeño empezaba a reclamar protagonismo, y éso le encantaba.

Trafagar le abrazó por la espalda y lo llevó hasta la cama, donde lo tumbó. Se deshizo de sus pantalones mientras acariciaba y besaba su torso. Había deseado ese torso desde hacía mucho tiempo. Desde que le salvó en Marine Ford, pero se lo había negado a sí mismo. Además, no esperaba volver a encontrarse con él hasta mucho después, pero, para su sorpresa y suerte, se encontraron en Punk Hazard.

Una vez hubo desnudado por completo al mugiwara, comenzó a lamer sus muslos, y éste se estremecía. El miembro del joven pirata estaba erecto, muy erecto, Law comenzó a masajearlo mientras depositaba besos y lametones a su alrededor. Levantó la vista, y vió como le miraba excitado, con los ojos entrecerrados, las mejillas sonrosadas y la respiración acelerada. No podría aguantar mucho más. Paró de tocar al pequeño, que se quejó con un gemido, se quitó el resto de la ropa lo más rápido que pudo, y volvió a dedicarse su acompañante. Pero éste se sentó en la cama y le hizo sentarse a él. Ambos se besaban apasionadamente.

Múltiples veces el cirujano oyó en su cabeza voces que le decían que no siguiera, que sus calculados planes corrían peligro con aquel giro de acontecimientos, pero él las hizo callar dedicándose aún más a Luffy, y al cabo de un tiempo, desaparecieron por completo. Mandó a la mierda sus enrevesados planes, ya no les veía sentido, ésto lo cambiaba todo. Luffy lo había cambiado todo. *¿Por qué tendrá que ser tan adorable?*.

El joven supernova de ojos negros sentía que se le estaban abriendo las puertas de un nuevo mundo de sensaciones que no había experimentado anteriormente.

Law comenzó a masajear el pene de Luffy, y éste hizo lo mismo. Eran incapaces de cerrar los ojos del todo durante el beso, querían verse jadear y gemir mutuamente. Sorprendentemente, Trafagar llegó mucho antes al orgasmo que Luffy, y se vino en su mano; pero no podía dejar al pequeño sin placer, así que se recostó sobre él, que permanecía sentado, y comenzó a lamer su virilidad desesperadamente, de arriba a abajo, aplicando más intensidad y fuerza en el glande, haciendo que Luffy le agarrara la negra cabellera entre convulsión y convulsión. Subía y bajaba succionando y aplicando presión al pene del joven pirata, y Luffy acabó teniendo su primer orgasmo y dejó salir un sonoro gemido, que Law acompañó con otro por su parte al notar la esencia de Luffy en su boca.

Antes de tragárselo, cogió un poco con los dedos y comenzó a acariciar la entrada de Luffy, que se tumbó.



- Torao... - el mencionado, introdujo un dedo en su entrada en ése momento, esperando alguna señal de dolor o molestia.



- Dime...



- ¿... Seguro que es por ahí... ? No estoy yo muy seguro... nunca ha entrado nada por ahí...



Law no pudo evitar una risotada – Sí, te aseguro que es por aquí – y le besó el pecho – ¿te duele? - dijo introduciendo con sorprendente facilidad otros dos dedos.



- No... me molesta un poco... pero no me duele.



De pronto recordó. *¡Luffy es de goma, no necesita que lo dilate! ¡Todo son ventajas! * y sonrió para sí. Se colocó entre las piernas del ojinegro y le besó apasionadamente, mientras introducía su gran verga en el pequeño de una sola y potente estocada. El pequeño capitán gimió, pues había tocado de lleno su punto G, y era una sensación inesperada y nueva. Instintivamente, contrajo su ano y ésto arrancó un gemido a Law. Estaba muy apretado, y hacía sentir demasiado bien. Ése placer debería estar prohibido.

Mientras tanto, las lenguas de ambos capitanes se entrelazaban con pasión, pero también con cierto cariño. Ambas recorrían la cavidad contraria y se acariciaban.

El cirujano hizo que sus embestidas cada vez fuera más rápidas, haciendo el cuerpo de Luffy agitarse violentamente bajo él. Era fuerte, pero parecía tan frágil ahora, tan vulnerable. Podría sacarle el corazón allí mismo, acabar con él. Sabía que, aunque él mismo persiguiera con tanta ansia el One Piece y lo que ello suponía, el Rey de los Piratas sería Luffy. Lo supo desde el primer momento en que le vio en Sabaody hacía ya dos años.

Pensó en sus opciones: Podía luchar contra él en una batalla justa por aquel honor. Podía unirse a él, y ver cómo su amado se convertía en lo que tanto ansiaba, renunciando así al título, pero no del todo al preciado tesoro. O podía matarlo allí y ahora, y luchar por ser él quien ocupara tan distinguido puesto; pero en algún momento de la historia, esa posibilidad había salido de la ecuación. Le quedaban dos alternativas. Dos opciones. Tenía que elegir, tenía que tomar una decisión.

Luffy jadeaba y gemía bajo él, mientras Law le besaba el cuello sumido en sus pensamientos. Sintió que Luffy estaba a punto de venirse y dio una brutal embestida hasta el fondo para finalizar, consiguiendo dejar a Luffy totalmente sin aliento ni fuerzas como para gritar de placer. Law agotado cayó al lado de Luffy tras sacar su miembro del cuerpo de éste, y le sonrió.

Éste le abrazó y le besó dulcemente. *Joder, le acabo de desvirgar en todos los sentidos y creo que el que se ha enamorado he sido yo* sonrió durante el beso.

Luffy se acurrucó en su pecho, y el cirujano pasó un brazo bajo su cabeza y con el otro, le acariciaba la espalda, haciendo dibujos en ella. Se quedaron en silencio durante unos minutos, lo necesitaban para procesar todo lo que acababa de pasar, y lo que conllevaba. Law apoyaba los labios en la frente del pequeño, mientras olía su pelo. *Me siento un poco pederasta, pero me gusta* rió mentalmente.



- Torao...



Sonrió, y le miró – Llámame Law...



- L-Law... - su nombre sonaba tan bien dicho por el pequeño Mugiwara....



- Dime – dijo con una suave y cerrada sonrisa, fijando su mirada en sus grandes y profundos ojos negros. Sabía perfectamente, donde acabaría tal conversación, pero esta vez, sí iba a darle una respuesta.



- Sé mi nakama... - susurró mirándole a los ojos.

El Shichibukai sonrió. Ya había tomado una decisión.


Todos los créditos Moska Fleur



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